Johnson & Johnson (J&J) ha declarado que los nuevos aranceles del 100 % que Estados Unidos impondrá sobre medicamentos importados a partir del 1 de octubre no afectarán de forma material sus actividades en México. El director médico de Innovative Medicine México, Leandro Aldunate, aseguró que no prevén “ningún impacto en particular” ni un cambio en su intención de seguir invirtiendo en innovación para garantizar el acceso a medicamentos.
La postura ocurre en un contexto donde la industria farmacéutica global ha anunciado inversiones masivas en plantas y ampliaciones dentro de EE. UU. para sortear la imposición. Según estimaciones, compañías ya preparan nuevas instalaciones o proyectos en curso que podrían exentar ciertos productos del arancel. No obstante, la afirmación de J&J presenta riesgos de optimismo: su operación local podría depender parcialmente de insumos, componentes o procesos sujetos al nuevo régimen arancelario.
Que una empresa declare inmunidad frente a una medida tan disruptiva no garantiza que su cadena de producción, sus exportaciones o costos intermedios no se vean afectados. Y en mercados tan interdependientes como el farmacéutico, los efectos colaterales —encarecimiento de materia prima, retrasos logísticos, tensiones regulatorias— pueden manifestarse de maneras indirectas.
La afirmación de J&J ofrece tranquilidad mediática, pero su resiliencia real dependerá de cuán robusta sea su estructura de abastecimiento y de cuántos componentes se produzcan dentro de EE. UU. En última instancia, sus resultados permitirán verificar si, detrás del discurso, la estrategia fue eficaz.



