El traspaso de Kevin Durant a los Houston Rockets marca otro capítulo en la carrera de uno de los anotadores más prolíficos de la historia. Con 37 años, el cuatro veces campeón de anotaciones llega a un equipo joven y prometedor, decidido a competir por el campeonato en la Conferencia Oeste. Pero la gran incógnita es si aún puede ser el motor de un proyecto ganador.
Durant promedió 26.6 puntos, 6 rebotes y 4.2 asistencias en la temporada pasada con los Phoenix Suns, cifras que demuestran que su calidad sigue vigente. Sin embargo, su desafío en Houston no será solo estadístico, sino de liderazgo y adaptación. En un conjunto que cuenta con Fred VanVleet, Alperen Şengün y Amen Thompson, KD deberá equilibrar su protagonismo con la evolución de los jóvenes talentos.
El objetivo colectivo es claro: transformar el potencial en resultados. Durant, que necesita 1,722 puntos para superar a Michael Jordan y entrar al Top 5 histórico de anotadores, también buscará demostrar que puede guiar un vestidor sin conflictos, lejos de los episodios vividos en Brooklyn o Phoenix.
Si mantiene la salud y adopta un rol más estratégico —similar al que tuvo en Golden State—, su experiencia podría convertir a los Rockets en un contendiente real. Pero si las lesiones o el ego vuelven a dominar la narrativa, este paso podría ser más epílogo que resurrección.



