El más reciente lanzamiento de prueba de SpaceX ha reavivado la preocupación ambiental en México. Tras el despegue del Starship 11 el pasado 13 de octubre de 2025, la organización Conibio Global A.C. reportó la aparición de restos del cohete y dos delfines muertos en las costas de Playa Bagdad, Tamaulipas. Uno de los ejemplares presentaba lesiones anormales, lo que motivó una necropsia para determinar si su muerte está relacionada con la explosión y las ondas de choque del lanzamiento.
Los equipos de rescate también localizaron fragmentos de materiales sintéticos, caucho quemado y un tanque metálico, presuntamente pertenecientes al sistema de propulsión del cohete. Este último fue asegurado por la PROFEPA y la Secretaría de Marina, mientras que la Capitanía de Puerto de Matamoros emitió un aviso náutico para prevenir accidentes por los desechos flotantes.
El incidente no es aislado. En pruebas previas, SpaceX ya había dejado miles de fragmentos en la misma zona, afectando al ecosistema marino y a la pesca local. Ante las repetidas evidencias, el gobierno mexicano —encabezado por Claudia Sheinbaum— analiza acciones legales internacionales por violaciones a tratados ambientales, incluido el Tratado del Espacio Exterior, que prohíbe la contaminación del entorno terrestre.
Mientras tanto, la empresa de Elon Musk habría manifestado su disposición a financiar tareas de limpieza, aunque el daño ambiental parece más profundo que una simple operación de remediación.



