La industria automotriz norteamericana calificó de “utopía” la idea de desvincular totalmente su cadena de suministro de China, aun cuando gobiernos como el de Estados Unidos promueven políticas de relocalización y fortalecimiento regional. Directivos del sector afirman que, aunque el objetivo de producir más autopartes en la región es legítimo, la dependencia tecnológica y de materiales críticos del gigante asiático sigue siendo estructural.
De acuerdo con la Industria Nacional de Autopartes (INA), el desacoplamiento no es una tarea inmediata: alrededor del 35 % de los componentes usados por fabricantes en México, Estados Unidos y Canadá provienen, directa o indirectamente, de China. Sustituirlos requeriría inversiones millonarias, tiempo y desarrollo de proveedores locales.
Expertos citados por El Economista señalaron que la presión política para reducir la influencia china en sectores estratégicos podría tener efectos contraproducentes, como el encarecimiento de la producción, la pérdida de competitividad y una eventual afectación al consumidor final.
La INA propuso en cambio un modelo de “reacoplamiento inteligente”, que combine la producción regional con asociaciones estratégicas diversificadas, priorizando eficiencia sobre ideología comercial.
En el contexto del nearshoring, el reto para Norteamérica es equilibrar soberanía industrial y sostenibilidad económica sin frenar la innovación. Como advirtió un analista del sector, “no se puede aislar a China sin aislar parte del futuro de la manufactura automotriz”.



