La propuesta de incorporar un nuevo capítulo dedicado a los minerales críticos al marco del T-MEC ha tomado fuerza en México. El Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce) elaboró un documento donde especifica que México ocupa posiciones relevantes en la producción de plata, cobre, plomo, oro y grafito, al tiempo que más del 80 % de sus exportaciones de metales tienen como destino Estados Unidos.
Por su parte, el Cámara Minera de México (Camimex) afirma que México produce alrededor de 10 de los minerales que Estados Unidos considera críticos para la transición energética, y sostiene que es indispensable que la renovación del T-MEC reconozca este potencial para fortalecer las cadenas de suministro de América del Norte.
Desde una mirada crítica, se presentan varios retos: primero, el mero reconocimiento en el tratado no garantiza inversiones ni aprovechamiento efectivo de la industria minera local; México necesita certidumbre regulatoria, infraestructura, y capacidad de procesamiento. Segundo, existe tensión entre promover la extracción de minerales y garantizar estándares ambientales y sociales, lo cual exige políticas de gobierno sólidas. Tercero, para lograr una integración real en la cadena de valor norteamericana —y no sólo la exportación de materia prima— será clave articular políticas industriales, educativas y de innovación tecnológica asociadas al sector.



