El gobierno de Canadá ha anunciado medidas de blindaje económico dirigidas a proteger a sus sectores de acero y madera, que han sido los más castigados por la imposición de aranceles punitivos por parte de la administración estadounidense. Esta estrategia se enmarca en la creciente necesidad de Canadá de defender su industria nacional y de reducir su dependencia económica de su vecino del sur.
Los aranceles impuestos por EE. UU. a estos sectores (argumentando, en el caso del acero, motivos de seguridad nacional) han generado un freno a las exportaciones y una pérdida de competitividad para las empresas canadienses. La respuesta de Ottawa busca inyectar capital de apoyo, impulsar la inversión en modernización y buscar nuevos mercados de exportación más allá del T-MEC, como la Unión Europea y Asia.
Desde una perspectiva crítica, el hecho de que Canadá tenga que destinar recursos significativos a «blindar» industrias que históricamente han sido competitivas globalmente subraya la inestabilidad introducida por el proteccionismo estadounidense. Las medidas de protección canadienses, aunque necesarias para evitar el colapso industrial, representan un costo fiscal para el gobierno y una distorsión de los mercados libres.
El sector de la madera, en particular, ha enfrentado una larga disputa sobre los subsidios. Las acciones canadienses reflejan la percepción de que el T-MEC no ha logrado proporcionar la certidumbre y la estabilidad que se prometieron, obligando a los socios a recurrir a políticas defensivas para sobrevivir a las continuas amenazas arancelarias. El desafío para Canadá es lograr la diversificación sin comprometer su principal relación comercial.



