Las tensiones entre Israel y Egipto volvieron a escalar debido a la disputa sobre la reapertura del paso fronterizo de Rafah, un punto estratégico para el ingreso de ayuda humanitaria hacia Gaza. Ambos gobiernos sostienen posiciones opuestas acerca de quién debe administrar el cruce y bajo qué condiciones debe volver a operar, lo que ha bloqueado cualquier avance tangible.
Egipto insiste en que la frontera solo puede reabrirse si Israel se retira por completo del área y permite que las autoridades palestinas retomen la gestión administrativa. Según El Cairo, la presencia militar israelí dificulta la operación segura del paso y viola acuerdos previos que establecían la cooperación trilateral entre Egipto, la Autoridad Palestina e Israel.
Israel, por su parte, rechaza esta postura y sostiene que su control es necesario para impedir el contrabando de armas hacia Gaza y garantizar la seguridad en la región. Funcionarios israelíes argumentan que la reactivación del cruce debe incluir estrictos mecanismos de supervisión, especialmente en medio del conflicto con Hamás.
La falta de consenso mantiene bloqueada la entrada de suministros esenciales, lo que organizaciones internacionales califican como una situación crítica para la población civil. Mientras continúan las conversaciones indirectas, analistas consideran que el estancamiento refleja el deterioro de la relación bilateral y evidencia lo complejo que será alcanzar acuerdos duraderos en la región.



