La relación entre Guatemala e Israel, consolidada desde 1948, vuelve al centro del debate público a raíz del conflicto en Gaza. Aunque ambos países están separados por más de 12.000 kilómetros, mantienen un vínculo diplomático considerado uno de los más sólidos de América Latina con el Estado israelí. Esta cercanía histórica, que se remonta a la votación en la ONU que permitió la creación de Israel, ha marcado la política exterior guatemalteca durante casi ocho décadas.
En Ciudad de Guatemala, esta relación tiene también un reflejo social. En plena 7ª Avenida, resguardada por seguridad, se encuentra la sinagoga Sharei Binyamin, principal templo de la comunidad judía en el país. Desde ahí, sus representantes destacan el carácter histórico y diplomático del lazo bilateral. A pocas calles, la comunidad palestina ofrece otra lectura de esa misma historia. Aunque ambos grupos subrayan la convivencia respetuosa, mantienen posturas distintas sobre el significado y las consecuencias de la alianza entre Guatemala e Israel.
El respaldo guatemalteco no ha sido únicamente simbólico. A lo largo del siglo XX existió cooperación en distintos ámbitos, incluida la colaboración militar, un aspecto que ha generado controversia en determinados momentos. Más recientemente, el traslado de la embajada guatemalteca a Jerusalén reforzó la percepción de alineamiento político con el gobierno israelí, en un contexto internacional particularmente sensible.
Hoy, el conflicto en Gaza vuelve a poner a prueba esa relación. En un escenario global profundamente polarizado, Guatemala ha reiterado su cercanía con Israel, aunque con algunos matices recientes que reflejan la complejidad del entorno diplomático actual. La posición del país no solo tiene implicaciones bilaterales, sino que también influye en su papel dentro de América Latina y en los foros multilaterales.
La situación evidencia cómo decisiones históricas siguen condicionando la política exterior contemporánea. Más allá de la distancia geográfica, el caso guatemalteco demuestra que los vínculos diplomáticos construidos en momentos fundacionales pueden adquirir nuevas dimensiones cuando el contexto internacional cambia. En medio de la guerra en Gaza, Guatemala enfrenta el desafío de sostener su tradición diplomática mientras gestiona un debate interno cada vez más visible.




