Estados Unidos no renovará por ahora el T-MEC por otros 16 años y optará por mantenerlo bajo revisiones anuales, una decisión que evita la ruptura inmediata del acuerdo, pero abre una etapa de mayor incertidumbre para México, Canadá y las cadenas productivas de Norteamérica.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, confirmó en entrevista con Bloomberg que la administración de Donald Trump no está dispuesta a aprobar una extensión automática del tratado. El argumento central de Washington es que existen “asuntos sustanciales” que deben corregirse antes de dar certidumbre de largo plazo al acuerdo comercial.
La decisión no significa que el T-MEC termine este año. El tratado seguirá vigente hasta 2036, salvo que alguno de los tres países active formalmente su salida. Sin embargo, al no extenderse por 16 años más, el acuerdo queda sujeto a revisiones anuales, lo que puede prolongar la negociación y mantener en suspenso decisiones de inversión, relocalización productiva y planeación industrial.
El punto más delicado está en el sector automotriz. La administración Trump ha presionado para elevar el contenido estadounidense en los vehículos fabricados en Norteamérica. Reuters reportó que Washington ha planteado que los autos producidos en la región incluyan 50% de contenido estadounidense, lo que empujaría el contenido regional requerido hasta 82% para conservar beneficios comerciales.
La presión ocurre en medio de un entorno arancelario más agresivo. Estados Unidos ya impuso tarifas de 25% a autos mexicanos y canadienses, 50% a metales y 10% a madera, medidas que reducen el valor práctico del T-MEC como escudo comercial para sectores estratégicos.
Para México, el riesgo no está en una cancelación inmediata, sino en la pérdida de certidumbre. La revisión anual puede convertirse en una herramienta de presión recurrente, justo cuando el país busca atraer inversión por nearshoring y consolidarse como plataforma manufacturera para América del Norte.
Esto importa para empresas, trabajadores e inversionistas porque las cadenas productivas no se organizan con horizontes de un año. Una planta automotriz, un proveedor de autopartes o una inversión logística requieren reglas estables por varios años. Si el tratado queda sometido a revisiones políticas anuales, el costo de decidir aumenta y parte de la inversión puede postergarse.
México y Canadá han respaldado la extensión del T-MEC, pero la decisión estadounidense coloca la negociación en otro terreno: menos certidumbre jurídica y más presión política. La siguiente señal clave será la ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos prevista para la semana del 20 de julio en la Ciudad de México, donde se discutirán reglas de origen, seguridad económica, agricultura y condiciones de competencia.



