21 de septiembre de 2026

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Líneas de pobreza bajan en junio, pero canasta urbana aún supera la inflación

Las líneas de pobreza registraron una baja mensual en junio, pero el costo anual de la canasta alimentaria urbana siguió creciendo por encima de la inflación general, reflejando la presión persistente sobre el poder adquisitivo.

Las líneas de pobreza en México registraron una disminución mensual durante junio de 2026, impulsadas por la baja de algunos productos de la canasta básica. Sin embargo, el costo anual de la canasta alimentaria en las zonas urbanas continuó aumentando por encima de la inflación general, lo que evidencia que la presión sobre el ingreso de los hogares aún no desaparece.

El INEGI informó que la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos —que representa el costo mensual de la canasta alimentaria por persona— se ubicó en 1,907.63 pesos en el ámbito rural y 2,553.37 pesos en el urbano durante junio. Por su parte, la Línea de Pobreza por Ingresos, que incorpora además bienes y servicios no alimentarios, alcanzó 3,503.97 pesos en las zonas rurales y 4,888.22 pesos en las urbanas.

En términos mensuales, ambas líneas mostraron una reducción. La Línea de Pobreza Extrema disminuyó 2.7% en el ámbito rural y 1.7% en el urbano, mientras que la Línea de Pobreza por Ingresos retrocedió 1.4% y 0.8%, respectivamente. Este comportamiento estuvo acompañado por una inflación general mensual de -0.3%, el segundo descenso consecutivo del índice nacional de precios.

No obstante, la comparación anual muestra un panorama distinto. La canasta alimentaria urbana aumentó 4.6% respecto a junio de 2025, cifra que supera en 1.2 puntos porcentuales la inflación general anual, ubicada en 3.4%. En las zonas rurales, el incremento fue de 3.1%, ligeramente por debajo del nivel de inflación.

Entre los productos que más impulsaron el encarecimiento anual de la canasta alimentaria destacaron:

  • Alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar.
  • Papa.
  • Jitomate.

Estos tres rubros concentraron la mayor incidencia en el aumento del costo de la alimentación tanto en áreas rurales como urbanas. La papa sobresalió por registrar un incremento anual de 66.7% en su precio, mientras que el jitomate avanzó 19.4%.

En el caso de la línea de pobreza que incorpora bienes y servicios no alimentarios, además del componente alimentario también incidieron los incrementos en transporte público, cuidados personales en el ámbito rural y educación, cultura y recreación en las ciudades.

Aunque la desaceleración de la inflación ha permitido una reducción mensual en el costo de las canastas, el comportamiento anual confirma que los alimentos continúan ejerciendo una presión importante sobre el ingreso disponible de las familias, particularmente en las zonas urbanas. Esto implica que, aun cuando la inflación general se ha moderado, los hogares siguen destinando una proporción relevante de sus recursos a cubrir necesidades básicas.

De cara a los próximos meses, será importante observar si la tendencia descendente de la inflación logra trasladarse de forma más consistente a los alimentos, ya que ello contribuiría a fortalecer el poder adquisitivo y reducir la presión sobre los niveles de pobreza por ingresos.

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