Aunque suele promocionarse como una herramienta de productividad para la oficina o la escuela, la realidad es distinta: la mayoría de los usuarios de ChatGPT lo emplean en su vida cotidiana. Así lo muestra el estudio más amplio realizado por OpenAI junto con el economista de Harvard David Deming, publicado como documento de trabajo de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER).
El análisis abarcó 1.5 millones de conversaciones desde el lanzamiento del modelo. Los resultados indican que tres cuartas partes de las interacciones se concentran en orientación práctica, búsqueda de información y escritura, mucho más que en usos estrictamente laborales o académicos. De hecho, solo el 30% de las conversaciones está vinculado al trabajo.
OpenAI clasificó los usos en tres grandes categorías: preguntar (49%), donde predominan consultas de recetas, explicaciones de películas o consejos rápidos; hacer (40%), que incluye redacción de correos, planificación de viajes o programación; y expresar (11%), que se asocia con creatividad, ocio y reflexión personal.
El informe también resalta cambios sociales y geográficos. La brecha de género en el uso de la IA prácticamente desapareció, pasando de 37% de interacciones femeninas en 2024 a casi 50% en 2025. Además, el crecimiento en países de ingresos bajos y medios ha sido cuatro veces más rápido, impulsado por su potencial educativo y su bajo costo para emprender.
En conjunto, la investigación muestra que ChatGPT ha encontrado su valor principalmente como asistente de apoyo y consulta, más que como sustituto directo de puestos laborales.



