Ante la reciente decisión administrativa de Estados Unidos de imponer un arancel del 100 % sobre medicamentos importados de marca a partir del 1 de octubre de 2025, la industria farmacéutica global ya se mueve para amortiguar el impacto. La medida exime a las compañías que estén construyendo o tengan obras en curso dentro de EE. UU. —condición que varias empresas han aprovechado como vía de escape estratégica.
Según reportes del mercado, fabricantes como Eli Lilly planean construir plantas con inversiones multimillonarias, mientras otras como AstraZeneca o Roche han anunciado expansiones en territorio estadounidense con miras a evitar sanciones arancelarias directas. En paralelo, se prevé que productos farmacéuticos europeos podrían quedar gravados a una tasa máxima del 15 %, en virtud de acuerdos políticos entre la Unión Europea y EE. UU.
En México, esta dinámica externa adquiere especial relevancia. Como señala un análisis reciente, las inversiones adicionales provenientes de EE. UU. podrían mitigar el golpe sobre exportaciones farmacéuticas mexicanas, al recortar la dependencia de importaciones externas en cadenas de suministro regionales.
No obstante, el éxito de esa estrategia depende de plazos alineados: construir plantas lleva años, y la condición de “estar construyendo” puede generar disputas legales sobre su aplicación. Además, los laboratorios más pequeños o especializados podrían verse excluidos del acceso al esquema de exenciones, lo que podría acentuar su vulnerabilidad. El riesgo de que los precios al consumidor aumenten o que surjan desabastos permanece latente, especialmente en mercados emergentes dependientes de importación.



