En su primer informe de gobierno, Claudia Sheinbaum aseguró que el ejercicio del poder no tiene como propósito el enriquecimiento personal, sino el servicio con humildad al pueblo de México.
La mandataria utilizó el evento para rechazar señalamientos sobre tendencias autoritarias y reforzar que su administración prioriza la austeridad, la transparencia y la ética pública.
Sheinbaum destacó que los recursos públicos son “sagrados” y deben destinarse a programas sociales, infraestructura estratégica y derechos fundamentales.
Asimismo, defendió reformas como la nueva Ley de Amparo, planteadas como mecanismos para evitar que ciudadanos con recursos evadan responsabilidades fiscales bajo el amparo.
No obstante, aunque su discurso apeló a valores y principios, la eficacia y el cumplimiento de esos compromisos quedan a prueba. La insistencia en “no enriquecer” suena convincente políticamente, pero será evaluada por ciudadanos y opositores con base en resultados y rendición de cuentas. Su afirmación de que “el que manda es el pueblo” busca reforzar su legitimidad, aunque el contraste entre palabra y acción será clave para sostener credibilidad.



