Las exportaciones de crudo y derivados de la empresa venezolana PDVSA registraron una contracción en marzo de aproximadamente 11.5 % con relación al año anterior, como resultado de sanciones estadounidenses y cancelaciones de licencias clave.
El retroceso responde a la imposición de aranceles secundarios del 25 % sobre crudo y gas venezolano por parte de EE.UU., así como a la cancelación de autorizaciones de exportación para colaboradores extranjeros.
En el contexto más amplio, la producción nacional continúa en niveles deprimidos: se estimaba que Venezuela producía menos de 900 000 barriles diarios (una caída de más del 70 % respecto a décadas anteriores) debido a falta de mantenimiento de infraestructura, sanciones y desinversión.
Desde un enfoque crítico, la situación presenta varias implicaciones relevantes:
- La caída de los envíos compromete la entrada de divisas que el país requiere urgentemente, lo cual puede agravar su crisis fiscal y social.
- Las sanciones externas, aunque justificadas por motivos políticos o de gobernanza, se combinan con debilidades internas —infraestructura deteriorada, operación deficiente— para acentuar el desplome del sector.
- Finalmente, aún cuando PDVSA intente redirigir flujos hacia mercados alternativos o logísticas distintas, la capacidad de recuperación parece limitada sin reformas estructurales, inversión y acceso a tecnologías modernas.



