Escocia vivió una de sus noches más memorables al vencer 4-2 a Dinamarca en un partido repleto de dramatismo, goles improbables y un cierre épico en tiempo añadido. Scott McTominay abrió el marcador con una chilena espectacular, pero el momento más impactante llegó en los últimos minutos: Kenny McLean anotó desde media cancha para sellar el pase al primer Mundial del país desde 1998.
Hampden Park explotó como pocas veces, celebrando el final de casi tres décadas de frustraciones y campañas decepcionantes. Para la selección de Steve Clarke, la clasificación representa la culminación de un proceso largo, disciplinado y en ocasiones criticado por su conservadurismo táctico. Pero la contundencia mostrada ante Dinamarca dejó claro que Escocia puede competir con intensidad y precisión en momentos decisivos.
El regreso al Mundial abre un nuevo capítulo en el futbol escocés, que busca recuperar prestigio internacional y consolidar una identidad menos dependiente de la épica y más del buen juego consistentemente trabajado.



