El Reino Unido decidió posponer otra vez la resolución sobre el plan de China para edificar la que sería su embajada más grande en Europa. El proyecto, que ha generado debate político durante meses, se mantiene en revisión debido a inquietudes relacionadas con seguridad nacional y el impacto del complejo en una zona estratégica de Londres.
Las autoridades británicas explicaron que la evaluación requiere más tiempo, ya que el diseño y alcance de la nueva sede diplomática deben cumplir requisitos estrictos antes de recibir aprobación final. Diversos sectores del Parlamento han expresado reservas, afirmando que el tamaño y ubicación del proyecto podrían ofrecer ventajas operativas a Pekín en un contexto global cada vez más tenso.
China, por su parte, ha manifestado su inconformidad ante los retrasos. Su embajada actual en Londres funciona al límite de capacidad, y la construcción del nuevo recinto ha sido presentada como una necesidad para atender la creciente carga diplomática. Sin embargo, los señalamientos sobre riesgos de inteligencia y vigilancia han intensificado la desconfianza entre ambas potencias.
El aplazamiento refleja el clima de cautela con el que Reino Unido gestiona su relación con China, especialmente tras incidentes recientes que han deteriorado la cooperación bilateral. Hasta ahora no existe una fecha definida para la decisión final, lo que prolonga la incertidumbre en un proceso marcado por tensiones geopolíticas y sensibilidad política interna.



