Los ocho conciertos de Bad Bunny en el Estadio GNP de la Ciudad de México se convirtieron en uno de los eventos musicales más grandes del año, acumulando cifras sin precedentes en asistencia, logística y derrama económica. Miles de fanáticos se dieron cita durante las presentaciones, que agotaron boletos en tiempo récord y evidenciaron el enorme alcance del artista en México.
La producción involucró más de 2,500 personas entre staff, técnicos y personal de seguridad, además de un montaje que requirió varios días para instalar un escenario de dimensiones monumentales. El espectáculo destacó por su diseño visual, efectos tecnológicos y un repertorio que combinó éxitos recientes con canciones emblemáticas de su trayectoria.
El impacto económico también fue notable: negocios en zonas cercanas registraron incrementos significativos en ventas, especialmente en transporte, hospedaje y restaurantes. Expertos estiman que los conciertos dejaron una derrama multimillonaria, consolidando a la CDMX como uno de los destinos principales para giras internacionales de gran escala.
Más allá de las cifras, los conciertos reafirmaron el fenómeno cultural que representa Bad Bunny en América Latina. Su capacidad para convocar a audiencias diversas y su influencia en tendencias musicales y de moda evidencian por qué sus presentaciones se han vuelto acontecimientos masivos que trascienden lo artístico.



