Geopolítica y Comercio
Resulta muy difícil encontrar una justificación a la insistencia de Trump por adueñarse de Groenlandia, elevando la tensión entre Estados Unidos y los países de la Unión Europea a un nivel sin precedentes, tanto así, que varios líderes europeos hicieron declaraciones en estos días en el sentido que no es posible continuar considerando a la Unión Americana como un socio confiable. Luego de escuchar el discurso del presidente estadounidense en Davos, parece que lo único que le hizo suavizar el tono de sus agresiones y amenazas fue la reacción de las bolsas de valores el día anterior.
Groenlandia tiene reservas muy importantes de petróleo, gas y diversos minerales críticos que no han sido explotadas por la falta de infraestructura, por las regulaciones ambientales y por las condiciones climáticas que requieren una inversión tan alta que ha resultado demasiado riesgosa para las empresas interesadas. El calentamiento global ha acelerado en los últimos años el deshielo en el norte de la isla, lo que reduce de alguna manera los costos de producción y podría incentivar la inversión en esa región, en particular en esta época en la que la política comercial de Estados Unidos está enfocando en lograr el acceso inmediato a los recursos naturales que requiere para manufacturar productos de la más alta tecnología.
Trump ha dicho que si Estados Unidos no se apropia de Groenlandia, Rusia o China lo harán, con consecuencias irreparables para la seguridad de América del Norte. Sin embargo, Putin y Xi Jinping no han dicho absolutamente nada con relación a este debate. Incluso, Trump dijo recientemente que estaría dispuesto a adquirir ese territorio, a lo que varios legisladores, entre ellos los senadores republicanos Lisa Murkowski (Alaska), Katie Britt (Alabama) y Rand Paul (Kentucky) se oponen argumentando que dicha compra ocasionaría un aumento en el déficit que resultaría muy difícil de manejar durante las próximas dos décadas.
Por su parte, Trump amenazó a los países europeos que se opusieran a la compra o anexión de Groenlandia con un arancel del 25%. Esto sería posible en tanto la suprema corte de ese país no emita su fallo sobre la legalidad de los aranceles impuestos en base a la Ley de Poderes Económicos Internacionales de Emergencia – conocida por sus siglas en inglés como la IEEPA – lo que se espera que suceda en la segunda quincena de febrero. Estos aranceles no se podrían aplicar si el fallo, como se anticipa, es en contra del gobierno.
Con este panorama, una conclusión es que Trump está usando las amenazas sobre Groenlandia para distraer la atención de la opinión pública de temas que le afectan negativamente, como que el Departamento de Justicia no ha publicado los archivos sobre Jeffrey Epstein o que la economía no está funcionando como él dice, sobre todo cuando la aprensión de Nicolás Maduro ha dejado de ser noticia. De acuerdo con el sitio Real Clear Polling, que concentra los resultados de las encuestas políticas más importantes de la Unión Americana, en todas ellas la desaprobación de Trump es al menos del 51%, con un promedio del 55%.
Por otro lado, los europeos han empezado a tomar represalias. El domingo pasado los líderes de los 27 países se reunieron de emergencia en Bruselas para identificar las medidas a implementar y coordinar su respuesta; el parlamento europeo acordó detener el proceso para aprobar el acuerdo comercial negociado para evitar la aplicación de los aranceles recíprocos; Francia e Italia se negaron a participar en el Consejo de Paz que lanzó Trump para estabilizar la zona de Gaza; y se puso sobre la mesa la posibilidad de que las 16 selecciones europeas de futbol calificadas para el mundial no asistan, lo que sería un golpe de enormes consecuencias para un torneo que Trump considera un emblema de su segundo periodo de gobierno.
Aunque este tema no involucra a México, la actitud de Trump permite anticipar que la renegociación del TMEC será un proceso mucho más largo, difícil e incierto de lo que se pudiera haber anticipado, donde se podrá esperar cualquier escenario y cualquier demanda y donde la seguridad será el argumento preferido para justificar los puntos más delicados. Ante esta situación, vale la pena que el gobierno mexicano repase el discurso de Mark Carney del martes, deje de una vez por todas el apoyo a los gobiernos de izquierda que antagonizan a Estados Unidos y diseñen plan de acción realista que permita, al menos, mantener un tratado que resulta indispensable para la economía mexicana.



