Una perspectiva distinta para empezar el año

El Papa León XIV advierte: el multilateralismo se erosiona, la fuerza sustituye al diálogo y el lenguaje se vuelve arma. Sin Estado de Derecho, México y el mundo pierden dignidad y paz.

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El 9 de enero, León XIV dirigió un discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la Santa Sede. En sólo ocho cuartillas, el Papa hizo un análisis profundo de los grandes problemas con los que iniciamos el 2026.

Siendo hijo de San Agustín, el Papa comenzó comentando el libro La Ciudad de Dios, y mencionó como el Santo advirtió, en el siglo V, los grandes peligros que para la vida política importan “las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político.” Citando a su antecesor, el Papa afirma que no estamos ante una época de cambio, sino en un cambio de época.

El Papa llama la atención sobre el debilitamiento del multilateralismo, lo que significa que la diplomacia basada en el diálogo, está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza. Tristemente, esta realidad la constatamos con la política de la extorsión, que desde hace un año, vive el mundo con la amenaza de la imposición irracional de aranceles.

Desde hace cuatro años, Europa vive en una guerra sinsentido, tras la invasión rusa a Ucrania. Como dice el Papa, la guerra está nuevamente de moda. La paz “se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio.”

El debilitamiento del estado de Derecho está presente en todo el mundo. Las reglas que se establecieron hace 80 años tras el término de la Segunda Guerra Mundial para evitar futuras tragedias se tambalean de manera alarmante. En nuestro país, lo podemos observar con la destrucción de la República y la pérdida de la independencia judicial.

Sin estado de Derecho, no podemos tener la certeza de la defensa de los derechos humanos que tienen su fundamento en la dignidad de la persona, que hemos de defender y promover, desde la concepción hasta la muerte natural.

El Papa llama la atención sobre la importancia del derecho internacional humanitario, compromiso contraído por los Estados para garantizar un mínimo de humanidad durante los conflictos armados. Todos hemos sido testigos, muchas veces en tiempo real, de la destrucción de hospitales, infraestructura energética, viviendas y lugares esenciales para la vida de las víctimas de la guerra. El Papa condena involucrar a civiles en operaciones militares.

Otro tema que toca Su Santidad es el diálogo. En él, hace hincapié en la necesidad de redescubrir el significado real de las palabras, que es un gran reto de nuestro tiempo. Cuando cada uno de nosotros entendemos realidades distintas usando el mismo concepto, no es posible dialogar. “El lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar o golpear y ofender.” Esta manipulación del lenguaje es una realidad nefasta, desde la vida familiar, hasta el trato entre Estados.

La certeza en el lenguaje es indispensable para la libertad de expresión. Es cierto que en Occidente, esta libertad se reduce rápidamente. El Papa se refiere al desarrollo de un lenguaje “al estilo orwelliano”, que por ser más inclusivo, excluye a los que no se ajustan a las ideologías que pregonan.

La fidelidad a uno mismo es el fundamento de la objeción de conciencia que permite a las personas “rechazar obligaciones legales o profesionales que entran en conflicto con los principios morales, éticos y religiosos.” El Papa reconoce que la libertad de conciencia “establece un equilibrio entre el interés colectivo y la dignidad personal. Una sociedad es más rica en cuanto más diversidad de conciencia tiene, la uniformidad no promueve el diálogo ético y restringe la libertad personal de sus miembros.

Analizaré el resto del documento en el siguiente comentario.

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