Los cambios recientes en la política comercial de Estados Unidos están reordenando la competencia entre países exportadores. El punto no es solo si suben o bajan los aranceles, sino a quién le suben más y a quién menos. Cuando el trato arancelario deja de ser relativamente parejo y se vuelve “a la medida” por origen, el mercado no premia necesariamente al proveedor más eficiente, sino al que queda mejor posicionado en la nueva tabla de costos.
Ese reacomodo ya se observa en productos donde la diferencia arancelaria altera la “competitividad relativa” en el mercado estadounidense. Dos ejemplos ilustran el tamaño del golpe: el vino de Sudáfrica se encareció alrededor de 17 puntos porcentuales frente a otros exportadores respecto a 2024, mientras que el arroz de Italia ganó terreno al volverse aproximadamente 12 puntos porcentuales más barato en comparación con sus competidores. En decisiones de compra, esas brechas suelen terminar moviendo pedidos, contratos y participación de mercado, aunque el ajuste sea gradual.
Ganadores y perdedores por grandes sectores
El reporte muestra que, en promedio, las economías desarrolladas mejoran su posición relativa en el mercado estadounidense en la mayoría de rubros, mientras que muchas economías en desarrollo pierden terreno en varios segmentos clave.
En manufacturas, por ejemplo, los cambios de competitividad relativa marcan diferencias claras:
- Maquinaria: desarrollados +10 puntos; en desarrollo -8; países menos adelantados -8.
- Textiles y prendas: desarrollados +11; en desarrollo -4; menos adelantados -2.
- Plásticos y hule: desarrollados +8; en desarrollo -8; menos adelantados -7.
- Productos químicos: desarrollados +3; en desarrollo -4; menos adelantados -6.
En agricultura el patrón también es desigual. En cereales, por ejemplo, los desarrollados mejoran (+5), mientras que los países en desarrollo pierden (-8). En alimentos preparados, los desarrollados suben (+3) y los países en desarrollo bajan (-1).
Ventanas para países de menor ingreso
La foto no es uniforme: los cambios “disparejos” también abren oportunidades puntuales, incluso para países menos adelantados, cuando la diferencia arancelaria es suficiente para compensar desventajas de escala o logística. El reporte identifica ganancias de competitividad en productos específicos, como:
- Mozambique (tabaco): +13
- Benín (algodón): +13
- Senegal (moluscos): +12
- Bangladés (yute): +10
- Mauritania (pescado congelado): +10
- Haití (camisas para hombre): +9
- Ruanda (abrigos para mujer): +9
- Camboya (arroz): +4
El mensaje es importante: los aranceles no solo castigan, también redistribuyen oportunidades, pero de forma selectiva y por producto.
El freno al valor agregado
Hay un efecto adicional que pesa más a mediano plazo: la estructura arancelaria puede reforzar la idea de que algunos países exporten materias primas y otros concentren productos finales. El reporte usa la cadena cacao–chocolate como ejemplo: el cacao suele entrar con arancel muy bajo o nulo, mientras que el chocolate enfrenta aranceles más altos. Con los cambios recientes, exportar cacao sigue siendo viable para productores como Costa de Marfil, Ecuador, Ghana o Indonesia, pero dar el salto a exportar chocolate a Estados Unidos se vuelve más difícil, porque los grandes proveedores de chocolate ya posicionados (como Canadá, México, Bélgica o Suiza) enfrentan aumentos menores que varios países productores de cacao.
En conjunto, la conclusión es incómoda: cuando el acceso al mercado se vuelve más restrictivo y desigual, se redibuja el mapa exportador, se mueven cadenas de suministro y, en algunos casos, se cierran rutas para subir en la escalera del valor agregado.



