La Secretaría de Economía descartó que el inicio del proceso de revisiones anuales del T-MEC afecte la inversión extranjera directa o el crecimiento económico de México. El secretario Marcelo Ebrard lo afirmó el 1 de julio, un día después de que el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, comunicara que Washington no renovará el tratado de forma automática por 16 años adicionales.
El T-MEC entró en su primera revisión conjunta obligatoria el 1 de julio de 2026, conforme lo establece la cláusula de revisión del acuerdo. En esa reunión tripartita, el gobierno de Donald Trump comunicó que no extenderá el tratado en su forma actual y que optará por revisiones anuales durante los próximos 10 años, hasta que el acuerdo expire en 2036.
Ebrard argumentó que los mercados ya habían anticipado este resultado, por lo que no se esperan impactos sobre el crecimiento económico ni sobre la llegada de inversión extranjera directa. El funcionario subrayó que la decisión de Washington era un escenario conocido: afirmó que si Estados Unidos hubiera querido salir del tratado, ya lo habría notificado, y que el hecho de seguir en negociaciones confirma que eso no ocurrirá.
La estrategia del gobierno mexicano apunta ahora a reducir la incertidumbre a través de la definición del proceso. La siguiente reunión bilateral con Estados Unidos está programada para la semana del 20 de julio en la Ciudad de México, sesión que forma parte del mecanismo de revisión establecido en el propio tratado. En ese punto, a México le restan solo cuatro temas pendientes de los más de 54 que Washington planteó en 2025; la agenda de julio también incluirá los 13 puntos que México mantiene por su parte.
Entre los asuntos por resolver figuran la coexistencia del tratado con los aranceles al acero, aluminio y la industria automotriz, la actualización de las reglas de origen y un capítulo nuevo sobre seguridad económica que abarca desde tierras raras hasta la protección de cadenas de suministro.
El escenario de revisiones anuales no equivale a un vacío de certidumbre, pero impone una lógica de negociación permanente. El incentivo de fondo es claro: si los países no resuelven sus diferencias, deberán regresar a la mesa cada año hasta que lo hagan o hasta que el tratado expire. Eso presiona a los tres gobiernos a avanzar, pero también crea un horizonte de incertidumbre recurrente para decisiones de inversión de largo plazo.
En el primer trimestre de 2026, México captó 23 mil 591 millones de dólares de inversión extranjera directa, un crecimiento de 10.4% frente al mismo periodo de 2025, cifra que la Secretaría de Economía presentó como señal de confianza en el marco comercial vigente. Sin embargo, la CEPAL reportó que la IED captada por México en 2025 cayó 5% anual y que los anuncios de nuevos proyectos se desplomaron 43% frente a 2024, lo que refleja que la confianza no es uniforme ni está garantizada.
Para empresas con proyectos de nearshoring, el riesgo no proviene de una ruptura del tratado, sino de la incertidumbre acumulada. Analistas advierten que la revisión anual podría moderar el ritmo de relocalización industrial respecto al potencial originalmente esperado, dado que las decisiones de inversión en sectores con alta integración regional requieren horizontes estables.
La próxima fecha clave es el 20 de julio: si esa reunión produce avances concretos en los temas bilaterales pendientes, el proceso de revisión anual podría consolidarse como un mecanismo ordenado. Si no, la incertidumbre que Ebrard descarta será el indicador a vigilar.



