El Departamento de Estado de Estados Unidos ha congelado la mayor parte de los fondos destinados a programas de ayuda internacional, siguiendo una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump. Esta medida, que entra en vigor de inmediato, pone en riesgo numerosos programas que dependen de la financiación estadounidense, con excepciones para la asistencia alimentaria de emergencia y el financiamiento militar a Israel y Egipto.
Según un memorando enviado a embajadas y oficinas diplomáticas, se ordena la paralización de la entrega de fondos y la suspensión de nuevas ayudas. La orden ejecutiva de Trump justifica la congelación por 90 días argumentando que la «ayuda exterior y la burocracia de Estados Unidos no están alineadas con los intereses estadounidenses y, en muchos casos, son la antítesis» de los valores del país.
Funcionarios del gobierno reconocen que, si bien se esperaban recortes, la amplitud e inmediatez de la pausa sorprendió. Se advierte que, al ser Estados Unidos el mayor donante humanitario del mundo, esta medida podría ser perjudicial para las necesidades humanitarias globales. Organizaciones como la Federación Estadounidense de Maestros han expresado su alarma, señalando que la administración Trump está «amenazando las vidas y el futuro de las comunidades en crisis».