El Índice de Precios de Bienes de Empresa (WPI) de Japón se mantuvo estable en un 2.7% interanual en septiembre, según el Banco de Japón (BoJ). Este dato, que mide los precios que las empresas se cobran entre sí, es un indicador clave de la inflación futura al consumidor. La estabilidad del WPI sugiere que las presiones inflacionarias en el sector corporativo están cediendo, lo que da un respiro a la economía.
Sin embargo, el panorama económico no está exento de retos. La debilidad del yen, que ha caído a mínimos históricos, sigue siendo una gran preocupación para el BoJ. Aunque un yen débil beneficia a los exportadores japoneses, también encarece las importaciones, lo que podría reavivar la inflación a través de los costos de la energía y los alimentos. La estabilidad del WPI es un factor positivo, pero el banco central debe seguir vigilando la evolución del yen y de la inflación al consumidor.
El BoJ se encuentra en una encrucijada. La institución busca mantener su política monetaria laxa para impulsar la economía. Sin embargo, si la inflación al consumidor se dispara, el banco podría verse obligado a subir las tasas de interés, lo que podría frenar el crecimiento. La decisión del BoJ dependerá de si la estabilidad del WPI se traduce en una moderación de la inflación al consumidor.



