El Banco de Canadá (BoC) ha emitido una seria advertencia sobre la débil productividad del país, señalando que la falta de crecimiento en este indicador fundamental es un lastre crítico para el potencial de crecimiento económico de Canadá y un factor clave en la persistente inflación. El Subgobernador del BoC, Toni Gravelle, ha urgido a un esfuerzo nacional coordinado entre el gobierno, las empresas y los trabajadores para revertir la tendencia.
La baja productividad se debe, en gran medida, a la falta de inversión de capital en tecnología e innovación por parte de las empresas canadienses. El BoC argumenta que las compañías han optado por contratar más mano de obra (lo que ha mantenido alta la inflación) en lugar de invertir en la automatización y digitalización necesarias para mejorar la eficiencia por trabajador.
Desde una perspectiva crítica, el problema de la productividad tiene profundas implicaciones financieras. Un crecimiento débil de la productividad se traduce en una menor capacidad para que la economía absorba el aumento de los costos laborales y el incremento del gasto público sin generar inflación. La alta inflación, a su vez, obliga al BoC a mantener las tasas de interés elevadas por un período más largo.
El BoC propone soluciones que incluyen incentivos fiscales para la inversión empresarial, la eliminación de barreras regulatorias interprovinciales y la mejora en la capacitación del capital humano. Solo una acción coordinada que impulse la inversión en tecnología e innovación podrá sostener un crecimiento de la producción per cápita que mejore el nivel de vida de los canadienses.



