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9 de marzo de 2026

Crecimiento económico: el gran fracaso

México fracasa en crecimiento: cuatro años a la baja y 0.7% en 2025. La causa central es la desconfianza empresarial que hunde inversión y, con ella, empleo e ingresos.

¿Por qué conviene que una economía crezca lo más posible?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el crecimiento de la economía se mide por la producción de bienes y servicios con los cuales satisfacemos nuestras necesidades. Esa producción está relacionada con la creación de empleos, puesto que para producir alguien tiene que trabajar, y también con la generación de ingresos, puesto que a quien trabaja se le paga por hacerlo. Empleos e ingresos son dos de las condiciones fundamentales para el bienestar de las personas.

Entre más crezca una economía, es decir, entre más crezca la producción de bienes y servicios, mayor será la creación de empleos y mayor será también la generación de ingresos. Aquí tenemos una primera respuesta a la pregunta: ¿por qué conviene que una economía crezca lo más posible? Porque la creación de empleos y la generación de ingresos será la mayor posible, y eso generará más y mejores oportunidades de bienestar para las personas.

Una segunda respuesta a la misma pregunta, recordando que el crecimiento se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, la encontramos en lo que yo llamo el problema económico de fondo: la escasez. Es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, menos aún en las cantidades que cada uno quisiera y mucho menos gratis. Una de las condiciones para minimizar la escasez es que se produzca la mayor cantidad posible de bienes y servicios, o dicho de otra manera, que la economía crezca lo más posible.

¿Cómo andamos en México en materia de crecimiento? Desafortunadamente, mal y de malas. Permítame poner esto en perspectiva histórica.

En 2019, primer año de la llamada Cuarta Transformación, la economía mexicana decreció 0.4%. En 2020, producto de la pandemia, decreció 8.4%. En 2021 creció 6%, consecuencia de lo que los economistas llamamos el efecto rebote. Después de haber decrecido 8.4% en 2020, no fue muy difícil —dado que el punto de comparación era muy bajo— crecer 6% en 2021.

Pero, ¿qué pasó a partir de 2022? Después de haber crecido 6% en 2021, en 2022 crecimos 3.7%; en 2023, 3.1%; en 2024, 1.4%; y en 2025, 0.7%. Es decir, cuatro años consecutivos con un crecimiento cada vez menor. Este es, sin duda alguna, el mayor fracaso en materia económica de la llamada Cuarta Transformación.

¿Cuál fue el crecimiento acumulado del 2019 al 2025, durante los primeros siete años de la Cuarta Transformación? 5.8%. ¿Y cuál fue el crecimiento promedio anual? 0.82%.

La pregunta entonces es: ¿cuál es la razón de este bajo crecimiento y, lo que es peor, de un crecimiento cada vez menor?

Preguntémonos primero de qué depende la producción de bienes y servicios, que es la variable con la cual se mide el crecimiento de la economía. Depende de las inversiones directas que realicen los empresarios. Son esas inversiones las que permiten producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos.

¿Y de qué depende cuánto invierten directamente los empresarios, nacionales o extranjeros, en un país? Depende de la confianza que tengan para hacerlo. A mayor confianza de los empresarios para invertir directamente en un país, mayores serán las inversiones directas, y a mayores inversiones directas, mayor será el crecimiento de la economía.

¿Cómo andamos en México en esta materia?

Veamos el tema de la confianza empresarial para invertir directamente en el país, según el índice de confianza empresarial del INEGI. Voy a dar únicamente dos datos.

En 2024, la confianza de los empresarios para invertir directamente en México —en una escala de 0 a 100, donde 0 significa desconfianza total y 100 confianza total— fue, en promedio mensual, de 38.43. Ya de por sí un nivel muy bajo.

¿Qué pasó en 2025? Que el promedio mensual cayó a 30.60. Es decir, bajamos de 38.43 en 2024 —que ya era bajo— a 30.60 en 2025, que es bajísimo.

Todo esto se tradujo, obviamente, en menos inversiones directas. Y una manera de medirlas es a través de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, que forman parte fundamental de la inversión directa porque proporcionan la infraestructura física necesaria para llevar a cabo los procesos de producción.

Aquí tenemos información hasta octubre del año pasado. No está más actualizada, pero con esos datos sabemos que de septiembre de 2024 a octubre de 2025 acumulamos ya 14 meses consecutivos con crecimiento negativo de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, con una caída promedio mensual de 5.89%.

Es decir, durante 14 meses consecutivos se redujo la inversión directa en México.

¿Cuál ha sido, y creo que no exagero al decirlo así, el mayor fracaso en materia económica durante los siete primeros años de la Cuarta Transformación? Que el año pasado hayamos crecido apenas 0.7% y que hayamos acumulado cuatro años consecutivos con un crecimiento cada vez menor.

¿Qué se requiere para revertir esta tendencia?

Que los empresarios recobren la confianza para invertir directamente en México, mucho más de lo que han invertido hasta ahora, y que eso se traduzca en mayores inversiones en instalaciones, maquinaria y equipo. Sin ellas no hay manera de lograr una mayor producción de bienes y servicios, un mayor crecimiento de la economía y, por lo tanto, más empleos, mayores ingresos y un mayor bienestar.

En materia de crecimiento económico, el resultado es claro: 0.7% en 2025.

Ha sido un verdadero fracaso.

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