El consumo de los hogares mexicanos arrancó 2026 con una señal mixta: mantiene crecimiento en la comparación anual, pero muestra pérdida de ritmo en el margen mensual. El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) anticipa que el consumo privado aumentó 4.7% anual en enero y 3.5% anual en febrero, aunque en términos mensuales habría caído 0.6% en enero y apenas repuntado 0.1% en febrero.
El dato importa porque el consumo privado es uno de los componentes centrales de la demanda agregada y suele funcionar como termómetro de la fortaleza interna de la economía. Lo que muestran estas cifras es que el gasto de los hogares todavía conserva un avance frente a los niveles de hace un año, pero ya no lo hace con la misma inercia mes a mes.
INEGI estimó además que el nivel del índice del consumo privado se ubicaría en 113.7 puntos en enero y en 113.8 puntos en febrero, con cifras desestacionalizadas y base 2018=100. Es decir, entre un mes y otro prácticamente no habría cambio en el nivel del indicador. Ese comportamiento confirma que el rebote previsto para febrero no alcanza para hablar de una reaceleración clara, sino de una estabilización muy moderada tras la caída de enero.
Las estimaciones oportunas también incluyen intervalos de confianza, lo que ayuda a dimensionar el rango posible de los resultados finales:
- Variación anual enero: 4.7%, con rango de 3.5% a 5.9%
- Variación anual febrero: 3.5%, con rango de 2.1% a 5.0%
- Variación mensual enero: -0.6%, con rango de -1.7% a 0.5%
- Variación mensual febrero: 0.1%, con rango de -1.3% a 1.5%
- Índice enero: 113.7 puntos, con rango de 112.4 a 115.0
- Índice febrero: 113.8 puntos, con rango de 112.2 a 115.5
La combinación de estas cifras deja una lectura económica clara. El consumo no se está desplomando, pero sí muestra una desaceleración en su impulso reciente. El crecimiento anual de 4.7% en enero y 3.5% en febrero sigue siendo positivo, aunque la diferencia entre ambos meses también sugiere una moderación. Al mismo tiempo, el retroceso mensual de enero indica que el arranque del año fue más débil que el cierre previo, y el 0.1% de febrero apenas compensa esa pérdida.
Otro punto relevante es que el comportamiento mensual y el anual están contando historias distintas. La comparación anual todavía se beneficia de una base previa que permite mostrar aumentos, pero la medición mensual refleja con mayor claridad el enfriamiento inmediato del gasto. Eso implica que el consumo de los hogares sigue sosteniendo parte de la actividad económica, aunque con menos fuerza en el corto plazo.
La casi nula variación del índice entre enero y febrero refuerza esa idea. Pasar de 113.7 a 113.8 puntos muestra un nivel prácticamente estancado. En términos prácticos, eso sugiere que los hogares mantuvieron su gasto en una zona alta respecto a años anteriores, pero sin una expansión clara al inicio de 2026.
Para empresas y política económica, el mensaje es relevante. Si el consumo privado pierde dinamismo mensual, eso reduce el empuje de sectores que dependen directamente de la demanda interna. Para los hogares, la lectura también importa porque el consumo suele reflejar el estado del ingreso disponible, la confianza y la capacidad real de gasto. Cuando el crecimiento anual sigue positivo, pero el avance mensual se frena, lo que aparece es una demanda todavía resistente, aunque menos expansiva.
El balance de estas estimaciones oportunas apunta, por tanto, a un inicio de año con consumo privado todavía firme en perspectiva anual, pero con señales de moderación en el corto plazo. La atención ahora estará en confirmar si la caída de enero fue un ajuste transitorio o el comienzo de una etapa de menor tracción para el gasto de los hogares.



