A México entraron muchos menos capitales extranjeros, al mismo tiempo que salieron más capitales originados en México para invertirse directamente en otros países. Hoy voy a centrar la atención en el comportamiento de la inversión extranjera directa en México y, en concreto, en las nuevas inversiones extranjeras directas, comparando el cuarto trimestre de 2025 con el tercero.
Una de las variables más importantes en economía son las inversiones directas, es decir, aquellas que los empresarios destinan a producir bienes y servicios con los cuales satisfacemos nuestras necesidades. Esa producción es, además, la variable con la cual se mide el crecimiento de la economía. También son inversiones que crean empleos, puesto que para producir alguien tiene que trabajar, y generan ingresos, puesto que a quien trabaja se le paga por hacerlo.
Empleo e ingreso son dos de las condiciones que deben darse para elevar el bienestar de las personas, que, dicho sea de paso, es el fin de la economía: que las personas vivan bien, que vivan mejor. Y esas inversiones directas pueden ser nacionales o extranjeras.
En el tercer trimestre de 2025, México captó 3 mil 433 millones de dólares de nueva inversión extranjera directa. ¿Qué pasó en el cuarto trimestre de 2025? Que México captó solamente 138 millones de dólares.
Es decir, pasamos de captar 3 mil 433 millones de dólares de nueva inversión extranjera directa en el tercer trimestre a captar solo 138 millones en el cuarto. Eso dio como resultado una caída de 95.98%, lo cual es muy preocupante.
¿Qué refleja esto? Fundamentalmente, la falta de confianza de los empresarios extranjeros para invertir directamente en México, para invertir en la producción de bienes y servicios, en la creación de empleos, en la generación de ingresos y, por esa vía, contribuir al bienestar de los mexicanos.
Eso por lo que toca a los capitales que se generan en otros países y vienen a invertirse directamente en México.
¿Cuál es la otra cara de la moneda? Los capitales que se generan en México y salen para invertirse directamente en otros países, para producir bienes y servicios en esos otros países, crear empleos allá y generar ingresos allá.
¿Qué pasó si comparamos también el cuarto trimestre de 2025 con el tercero?
En el tercer trimestre de 2025, la inversión de capitales mexicanos en el extranjero fue de 502 millones de dólares. En el cuarto trimestre de 2025, fue de mil 155 millones de dólares.
Es decir, pasamos de 502 millones de dólares a mil 155 millones. ¿Qué quiere decir esto? Que, comparando el cuarto trimestre de 2025 con el tercero, a México entraron muchos menos capitales extranjeros para invertirse de manera directa, al mismo tiempo que salieron más capitales originados en México para invertirse en otros países.
Qué bueno para los empresarios que realizan esas inversiones y que, por las razones que sean, consideran que es mejor invertir en otros países que en México. Y qué bueno para los países que reciben esos capitales mexicanos, que contribuirán a la producción de bienes y servicios, a la creación de empleos, a la generación de ingresos y, en última instancia, al bienestar de sus economías.
Pero, ¿qué reflejan esta caída en la captación de nueva inversión extranjera directa en México y este aumento de la inversión de capitales mexicanos en el exterior? Lo que demuestran es la desconfianza de los empresarios para invertir directamente en nuestro país, y eso es muy grave.
¿Cuál es el principal reto —y me atrevo a plantearlo así— que tenemos hoy en materia económica en México? Recobrar la confianza de los empresarios, tanto nacionales como extranjeros, para invertir directamente en México.
Inversiones directas que, insisto, se realizan para producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos.
¿Y cuál es el origen de esa desconfianza? Todo lo que ha venido haciendo la llamada Cuarta Transformación, desde la cancelación de lo que iba a ser el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco, hasta lo más reciente: la reforma electoral, que ya veremos si realmente termina por concretarse.
Todo esto ha generado desconfianza porque no ha significado otra cosa que un deterioro del Estado de derecho, que en México se ha convertido abiertamente —ya no lo podemos negar— en un Estado de chueco, la antítesis del Estado de derecho.
¿Y qué es lo que necesitamos recuperar? Precisamente el Estado de derecho, que no es otra cosa que el gobierno de las leyes justas: aquellas que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente los derechos de las personas, comenzando por los derechos de los empresarios a la libertad individual para producir, ofrecer y vender, y a la propiedad privada sobre los medios de producción necesarios para poder hacerlo.
El Estado de derecho en México, que ya estaba bastante chueco antes de que iniciara la Cuarta Transformación, en los últimos siete años —los seis del gobierno de López Obrador y el primero de Sheinbaum— se ha venido enchuecando cada vez más.
El reto es enderezarlo y volver a tener en México un verdadero Estado de derecho.




