La actividad industrial en México volvió a tropezar en marzo y confirmó que uno de los motores más importantes de la economía sigue sin encontrar piso firme. El índice general se ubicó en 99.9 puntos, con una caída mensual de 0.6% y un retroceso anual de 1.5% en cifras desestacionalizadas. La baja no fue uniforme, pero sí lo suficientemente amplia como para reforzar la idea de una industria debilitada, con pocos focos de compensación y un arrastre cada vez más visible desde la construcción.
El golpe principal vino justamente de ese frente. En marzo, el sector construcción cayó 3.3% mensual y 5.3% anual, lo que lo convirtió en el componente más débil del reporte. La magnitud del ajuste importa porque la construcción suele reflejar tanto inversión pública como privada, vivienda, obra civil y trabajos especializados. Cuando ese bloque cae con esa intensidad, el deterioro industrial deja de ser solo un bache sectorial y empieza a pesar sobre el conjunto de la actividad económica.
Las industrias manufactureras tampoco ofrecieron alivio. En el mes retrocedieron 0.2% y en comparación anual bajaron 1.6%. Puede parecer una caída menor frente al desplome de la construcción, pero en una economía como la mexicana la manufactura tiene un peso suficiente como para amplificar el enfriamiento general. En otras palabras, la industria no solo perdió fuerza por un problema de obra y edificación; también siguió mostrando debilidad en la parte más ligada a producción fabril y cadenas de exportación.
Los únicos componentes que evitaron una caída más profunda fueron minería y energía, agua y gas. La minería creció 1.7% mensual y 5.8% anual, mientras el bloque de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y gas natural avanzó 0.3% mensual y 0.3% anual. Sin embargo, esos avances no alcanzaron para compensar el deterioro en construcción y manufactura.
La fotografía de marzo quedó así:
- Actividad industrial total: -0.6% mensual y -1.5% anual
- Minería: 1.7% mensual y 5.8% anual
- Energía, agua y gas: 0.3% mensual y 0.3% anual
- Construcción: -3.3% mensual y -5.3% anual
- Manufacturas: -0.2% mensual y -1.6% anual
En cifras originales, el panorama incluso deja ver con más detalle dónde estuvo el problema. La actividad industrial cayó 1.3% anual en marzo y acumuló una baja de 1.2% en el primer trimestre. Dentro de la construcción, la edificación se desplomó 8.1% anual, mientras los trabajos especializados para la construcción bajaron 2.4%. Solo la obra de ingeniería civil logró crecer, con 1.5% anual y 3.2% en el acumulado enero-marzo. Eso sugiere que el daño estuvo concentrado con mayor fuerza en la parte edificadora que en la infraestructura pesada.
En manufacturas, la debilidad también fue desigual, pero extendida. Entre los subsectores más golpeados destacaron la fabricación de accesorios, aparatos eléctricos y equipo de generación de energía eléctrica, con una caída anual de 10.4%; la fabricación de muebles, colchones y persianas, con -9.2%; la industria textil, con retrocesos de -6.6% y -5.6% en dos de sus ramas; y la fabricación de equipo de transporte, con -3.4%. También bajaron la industria química (-1.0%), el plástico y hule (-3.1%) y los productos metálicos (-5.1%).
No todo fue negativo dentro de la manufactura. Hubo ramas que sí crecieron, aunque sin cambiar el tono general del sector. La fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón subió 21.9% anual, las industrias metálicas básicas avanzaron 2.2%, la industria alimentaria aumentó 1.1% y la fabricación de maquinaria y equipo mostró una ligera alza de 0.3%. Aun así, la combinación total siguió siendo negativa porque el número de ramas en retroceso y su peso relativo fueron mayores.
La lectura de fondo es bastante clara. La industria mexicana llegó al cierre del primer trimestre con una estructura frágil: minería y algunos nichos específicos ayudan a contener el golpe, pero la construcción sigue deteriorándose con fuerza y la manufactura no logra convertirse en un motor sólido. Cuando los dos componentes más ligados a inversión y producción fabril avanzan con tanta debilidad, el sector industrial deja de ser un soporte para el crecimiento y se convierte en un foco de arrastre.
Marzo, así, no solo dejó una caída mensual. Dejó una advertencia más amplia: la actividad industrial sigue sin recuperar tracción y, dentro de ella, la construcción continúa siendo el eslabón más dañado.



