Las ventas externas de crudo de Pemex siguen concentradas en pocos destinos, y marzo dejó una fotografía bastante clara de ese mapa: Estados Unidos, España e Italia encabezaron las compras de petróleo mexicano, mientras Japón comenzó a moverse para incorporarse como nuevo cliente en medio de la disrupción energética global. El dato importa no solo por el volumen comercial, sino por lo que revela sobre el intento de México por sostener sus exportaciones en un mercado alterado por la guerra en Medio Oriente.
Tan solo en marzo, las exportaciones petroleras mexicanas alcanzaron un valor de 1,707 millones de dólares. De esa cifra, Estados Unidos absorbió 1,025 millones, es decir, más de 60% del total mensual. Detrás se ubicaron España, con 379.3 millones de dólares, e Italia, con 96.6 millones. En el primer trimestre completo, los envíos petroleros superaron los 4,300 millones de dólares, lo que confirma que, pese al debilitamiento de los volúmenes exportados, el crudo mexicano sigue encontrando colocación relevante en mercados específicos.
La concentración también deja ver lo reducido del resto de compradores. En América Latina, los montos quedaron muy lejos de los líderes: Guatemala compró 6.04 millones de dólares, Brasil alrededor de 2.9 millones y Ecuador cerca de 2.5 millones. En Asia, India apareció con apenas 1.8 millones en marzo. Esa estructura muestra que el negocio exportador de Pemex sigue dependiendo en buena medida de un puñado de plazas, sobre todo del mercado estadounidense y de algunos compradores europeos.
El elemento nuevo es Japón. La presidenta Claudia Sheinbaum informó en abril que México enviará un millón de barriles de crudo al país asiático, como parte de un acuerdo solicitado por Tokio a través de Pemex. Ese compromiso se dio en el contexto de la guerra con Irán y de la búsqueda japonesa de suministros alternativos ante la disrupción global de energía. También se ha señalado que México destina hasta 1.4 millones de barriles diarios de su producción a refinación interna y exporta entre 400 mil y 500 mil barriles diarios.
Ese movimiento no es menor. Japón depende en gran medida del petróleo de Medio Oriente y la crisis en la región lo obligó a diversificar compras con mayor urgencia. En ese contexto, Pemex aparece como proveedor de oportunidad, no necesariamente como socio estructural de largo plazo. La lógica es simple: cuando el suministro habitual entra en riesgo, cualquier barril fuera de la zona de conflicto gana valor estratégico.
Para Pemex, la noticia tiene dos lecturas. La positiva es evidente: sumar compradores ayuda a reducir dependencia excesiva de un solo mercado y abre espacio en un momento de alta tensión internacional. La menos cómoda también está ahí: esta búsqueda de nuevos destinos ocurre cuando la petrolera exporta mucho menos crudo que antes y cuando sus finanzas siguen bajo presión. Es decir, diversificar compradores sirve, pero no corrige por sí solo el problema de fondo de una empresa con menor margen exportador y necesidad creciente de caja.
El mapa actual de compradores confirma, así, una realidad doble. Por un lado, Estados Unidos sigue siendo el cliente decisivo, mientras España e Italia funcionan como anclas europeas importantes. Por otro, la irrupción de Japón muestra que el petróleo mexicano puede ganar espacio cuando el mercado global entra en estrés. La pregunta de fondo no es si Pemex puede venderle a más países. La pregunta es si tiene suficientes barriles y suficiente estabilidad operativa para convertir esa oportunidad en algo más que un alivio temporal.



