La inflación en México dio en la primera quincena de mayo una señal que, en apariencia, luce favorable, pero que todavía está lejos de ser completamente cómoda. El índice general de precios cayó 0.16% respecto a la quincena previa y la inflación anual se ubicó en 4.11%, por debajo del 4.22% observado en el mismo periodo del año pasado. A primera vista, el dato parece confirmar una moderación. El problema es que buena parte de ese alivio vino de factores estacionales y de componentes volátiles, mientras la presión más persistente en los precios sigue sin ceder con la suficiente claridad.
La parte que mejor retrata esa resistencia es la inflación subyacente, que aumentó 0.13% en la quincena y se colocó en 4.22% anual. Es decir, el componente que excluye bienes y servicios con mayor volatilidad o cuyos precios no responden plenamente a condiciones de mercado se mantuvo por encima de la inflación general. Esa diferencia importa mucho, porque ahí suele estar la señal más útil para entender si la inflación realmente está bajando de forma sostenible o solo recibiendo ayuda temporal de algunos ajustes específicos.
Dentro de la inflación subyacente, las mercancías subieron 0.09% quincenal y 3.83% anual, mientras los servicios avanzaron 0.17% en la quincena y 4.59% frente al mismo lapso de 2025. En otras palabras, la parte más estable de la inflación sigue encontrando presión sobre todo en los servicios, donde todavía pesan vivienda, restaurantes, transporte local y otros gastos cotidianos que afectan directamente al bolsillo.
El verdadero respiro vino del componente no subyacente, que cayó 1.14% quincenal y dejó su tasa anual en 3.73%. Aquí el movimiento estuvo muy influido por el descenso de 1.64% en energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, así como por una baja de 0.53% en productos agropecuarios. El principal factor detrás de este ajuste fue la reducción en tarifas eléctricas por temporada cálida en 11 ciudades del país, algo que ayudó a empujar a la baja el índice general. Dicho sin rodeos: la inflación mejoró, sí, pero buena parte del alivio vino de la electricidad.
Ese matiz es clave para no vender el dato como una victoria demasiado limpia. Si la inflación general baja porque la electricidad cae 17.88% en la quincena, el alivio es real para los hogares en esas zonas, pero también es parcial y estacional. No es lo mismo una desinflación amplia y sostenida en mercancías y servicios que una baja apoyada por ajustes temporales en tarifas.
Los productos con mayor presión al alza dejaron claro que la canasta cotidiana sigue lejos de sentirse relajada. El jitomate subió 5.39%, los detergentes 2.68%, el gas doméstico LP 1.81%, la papa y otros tubérculos 5.46%, el pollo 1.17%, las loncherías, fondas, torterías y taquerías 0.29%, el transporte aéreo 4.34% y la tortilla de maíz 0.44%. Del lado de las bajas, además de la electricidad, destacaron el tomate verde con -18.59%, el huevo con -2.37%, el chile serrano con -11.21%, el pepino con -22.16% y el limón con -9.78%. La fotografía, por tanto, sigue siendo la de una inflación muy desigual: algunos productos alivian, otros siguen encareciéndose de forma visible.
Por finalidad del consumo también aparece una historia interesante. Alimentos y bebidas no alcohólicas retrocedieron 0.07% en la quincena, pero todavía muestran un aumento anual de 4.61%. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles cayeron 0.93%, aunque su tasa anual sigue en 3.24%. Transporte avanzó 0.18% quincenal y 3.54% anual. Restaurantes y servicios de alojamiento crecieron 0.24% y ya presentan una variación anual de 6.78%. Seguros y servicios financieros subieron 0.43% en la quincena y 6.14% anual. Eso confirma que, aunque la inflación general se moderó, hay varios servicios donde los precios siguen avanzando a ritmos todavía elevados.
La canasta de consumo mínimo también manda una señal menos amable de la que sugiere el promedio general. En la primera quincena de mayo tuvo una baja de 0.20%, pero su variación anual fue de 4.27%, por encima del 4.11% del índice general. Eso significa que los bienes y servicios más básicos para los hogares siguen encareciéndose más que el promedio, una mala noticia para quienes tienen menos margen de ingreso.
A nivel regional, las diferencias fueron muy marcadas. Entre las entidades con mayores alzas quincenales destacaron Hidalgo con 0.48%, Estado de México con 0.44%, Jalisco con 0.34%, Yucatán con 0.30% y Tabasco con 0.28%. En contraste, las mayores bajas se registraron en Sinaloa con -3.40%, Sonora con -2.99%, Baja California Sur con -1.86%, Baja California con -1.38% y Tamaulipas con -0.76%. La explicación vuelve a pasar en buena medida por las tarifas eléctricas de temporada cálida, que modifican fuertemente la variación observada en varias ciudades del norte y noroeste del país.
La conclusión del dato es bastante clara. La inflación sí se moderó en la primera quincena de mayo y eso ayuda a mejorar el panorama inmediato. Pero la presión de fondo no ha desaparecido. La subyacente sigue arriba de la general, los servicios continúan mostrando resistencia y la canasta mínima todavía crece a un ritmo más alto que el promedio. En otras palabras, el dato es mejor, pero no lo suficiente como para hablar de una inflación domesticada. Bajó la fiebre, sí; lo que no se ha ido del todo es la infección de fondo.



