3 de octubre de 2026

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7% de inversión, 93% de autoengaño

México presume récord de IED, pero casi toda es reinversión. Sin capital fresco, certidumbre jurídica ni inversión productiva nueva, no hay transformación: solo maquillaje económico.

Coyuntura económica y algo más

Récord sin inversión nueva es puro maquillaje…

Macraf

Qué bueno que México intente diversificar. Qué bueno que se busquen puentes con otros bloques y se hable de fortalecer el comercio con la Unión Europea. En un mundo donde la geopolítica ya decide costos, rutas y riesgos, la promesa de miles de millones suena atractiva y, claro, posible. Pero esa promesa tiene una condición que el gobierno no quiere escuchar porque exige trabajo real: certeza económica y jurídica para los capitales. Sin eso, todo lo demás es turismo diplomático con aplauso de cámara.

La inversión extranjera directa no es un concurso de popularidad. No es un “me caes bien, ahí te van dólares”. Es cálculo. Es riesgo. Es un capital que se mete donde ve reglas claras, tribunales confiables, seguridad mínima y un gobierno que no juega a cambiar el tablero cuando se le antoja. Y por eso, cuando el régimen presume IED como si fuera prueba irrefutable de “confianza internacional”, lo primero que hay que hacer es una pregunta básica: ¿qué parte de esa IED es realmente nueva inversión?

Porque aquí está el truco de magia que hacen cada trimestre: se paran frente al micrófono, celebran el monto total y esperan que la gente aplauda sin preguntar qué hay dentro. Y sí, el total del 1T2026 luce espectacular: 23,591 millones de dólares. Récord. Titular. Sonrisa. Pero en economía el monto total, sin desglose, es puro maquillaje. La pregunta correcta es otra: ¿cuánto de eso es apuesta nueva por México y cuánto es simplemente dinero que ya estaba aquí y se quedó?

Y aquí viene el dato que mata la fiesta: de ese “récord”, 94.2% fue reinversión de utilidades, es decir, 22,222 millones de dólares que ya estaban en México y se quedaron en México. La inversión realmente nueva fue 7.2%, unos 1,705 millones de dólares. Dicho como se entiende en la calle: de cada 100 dólares que presumen, solo 7 son inversión nueva; los otros 93 ya estaban aquí. El “récord” no es una avalancha de capital fresco; es, en gran medida, la misma gente de siempre reinvirtiendo porque ya está instalada.

¿Eso es malo? No. Reinvertir es mejor que irse. Pero vender reinversión como si fuera “confianza histórica en la 4T” es una trampa. La reinversión muchas veces no ocurre por entusiasmo, ocurre por pragmatismo: ya tienes planta, ya tienes proveedores, ya conoces el terreno, ya aprendiste a sobrevivir a la burocracia, ya operas con cierta calma… y salir también cuesta. Es más, a veces lo más riesgoso no es quedarse, sino moverse. Entonces sí, reinvierten. Pero eso no significa que México esté atrayendo la nueva ola de inversión que necesita para crear empleo, elevar productividad y cerrar brechas.

Y aquí está el punto que no se puede suavizar: México no puede vivir de administrar lo que ya tenía. Porque administrar lo que ya existe no cambia el problema estructural de fondo: pobreza, desigualdad, empleo precario, informalidad, baja productividad. A México le urge inversión nueva, de la que abre plantas, expande capacidad, genera cadenas productivas, empuja tecnología y crea empleo formal bien pagado. Y esa inversión nueva —la que sí cambia el país— es justamente la que no está llegando con fuerza. Solo 7 de cada 100.

Por eso me parece absurdo que celebren el monto total como si fuera prueba de éxito económico. Es como presumir que “tuviste un gran año” porque no te corrieron del trabajo, aunque no te hayan ascendido, aunque no haya aumento y aunque sigas en el mismo lugar. Se puede sobrevivir, sí. Pero no se puede llamar desarrollo a sobrevivir.

Además, la obsesión por el total evita la conversación que sí importa: certeza. Porque el capital fresco es el más exigente. El que ya está instalado tolera más cosas porque ya conoce el mercado. El que no ha llegado todavía es el que mira a México y se pregunta si vale la pena. ¿Qué ve hoy? Ve inseguridad operativa, ve extorsión, ve derecho de piso, ve costos ocultos, ve reglas que se mueven, ve señales contradictorias, ve instituciones debilitadas. Ve un gobierno que confunde propaganda con política pública. Ve un entorno donde el Estado de derecho se trata como estorbo. Y con eso, el capital nuevo no se emociona; se protege.

Y no, no es “capricho neoliberal”. Es economía real. La inversión productiva privada es el punto básico del proceso económico. Sin inversión no hay productividad. Sin productividad no hay salarios sostenibles. Sin salarios sostenibles no hay mercado interno fuerte. Sin mercado interno fuerte no hay desarrollo. Todo lo demás —transferencias, discursos, giras, inauguraciones— puede comprar tiempo, pero no construye futuro.

El gobierno, por supuesto, quiere que creamos lo contrario: que el gasto público y la intervención estatal son la llave maestra del crecimiento. Si siguen creyendo eso, lo digo sin rodeos como lo he dicho antes: no estamos mal, estamos jodidos. Porque el Estado no sustituye al capital productivo. El Estado debe hacer su chamba: regular bien, dar certidumbre, garantizar seguridad básica, invertir en infraestructura útil, en energía confiable, en agua, en conectividad, en capital humano. Crear condiciones para que el sector productivo invierta. Punto. Cuando el gobierno se cree empresa, lo que produce es ineficiencia; cuando se cree dueño del país, lo que produce es miedo; cuando se cree infalible, lo que produce es estancamiento.

Así que sí: qué bueno diversificar. Qué bueno acercarse a Europa. Qué bueno hablar de nuevos bloques. Pero si aquí seguimos jugando con el tablero institucional, si seguimos erosionando la certeza jurídica y económica, entonces lo único que vamos a ver es esto: reinversión que mantiene lo que ya existe… y una inversión nueva que no llega. Y sin inversión nueva, no hay empleo nuevo. Y sin empleo nuevo, no hay desarrollo. Hay administración del mismo México de siempre, vendido como “transformación”.

“Así, así los tiempos estelares del segundo piso, de la transformación de cuarta.”

✒️ El apunte incómodo

La salida de Andy López Beltrán de Morena para buscar una diputación por Tabasco se vende como “trabajo político” y “proyecto”. Pero esa historia no se sostiene ni con saliva: si de verdad quisiera probar que puede, habría elegido un terreno competido. No eligió competencia, eligió Tabasco, la cuna del lopezobradorismo, donde perder es prácticamente imposible. Eso no es carrera política: es trámite con escolta.

Y por eso la pregunta es inevitable: ¿esto es ambición… o es blindaje? ¿Buscan fuero? ¿Buscan cobertura? ¿Buscan que el junior tenga paraguas legal justo cuando el entorno se pone áspero? No lo sé, pero la decisión grita una cosa: no hay mérito, hay herencia. No hay liderazgo propio, hay apellido. No hay independencia, hay sombra.

Lo verdaderamente grotesco es que el régimen siga vendiendo “regeneración” mientras fabrica dinastía. Morena presume moralidad, pero corre a colocar al hijo predilecto donde sea más fácil, más seguro y más automático. Y eso, en política, tiene traducción simple: cuando el poder se hereda, la rendición de cuentas se cancela.

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