Los analistas del sector privado redujeron su expectativa de crecimiento para México en 2026, al pasar la mediana del pronóstico de 1.38% en abril a 1.10% en mayo, mientras la inflación esperada se mantiene por encima del objetivo de Banxico.
El ajuste confirma una lectura más cautelosa sobre la economía mexicana. La expectativa promedio de crecimiento también bajó, de 1.35% a 1.09%, lo que apunta a un escenario de menor dinamismo para la actividad productiva, el empleo y la inversión durante el año.
En contraste, las expectativas de inflación no mostraron una corrección relevante. Para el cierre de 2026, la mediana de inflación general se ubicó en 4.35%, apenas por debajo del 4.38% estimado un mes antes. La inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles y suele reflejar mejor las presiones internas, subió de 4.19% a 4.22%.
Esto implica que los analistas anticipan una economía con bajo crecimiento, pero todavía con presiones de precios persistentes. Esa combinación limita el margen de acción de la política monetaria, porque una inflación elevada dificulta acelerar recortes en la tasa de interés, aun cuando la actividad económica pierda fuerza.
Para la tasa de fondeo interbancario, la mediana esperada al cierre de 2026 se mantuvo en 6.50%, igual que en abril. En el tipo de cambio, los especialistas ajustaron ligeramente a la baja su previsión para el cierre de año, de 18.00 a 17.95 pesos por dólar, lo que refleja una expectativa de mayor fortaleza relativa del peso frente al cálculo previo.
El mercado laboral también muestra señales de moderación. La mediana de creación de trabajadores asegurados en el IMSS para 2026 bajó de 332,000 a 305,000 plazas. Aunque no anticipa un deterioro abrupto, sí sugiere una generación de empleo formal más limitada frente a las necesidades del país.
El entorno para invertir aparece como otro foco de alerta. El porcentaje de analistas que considera que es un mal momento para realizar inversiones subió de 43% a 51%, mientras que ninguno respondió que sea un buen momento. Además, 79% considera que la economía no está mejor que hace un año.
Para hogares y empresas, el dato importa porque un menor crecimiento reduce oportunidades de empleo, ventas e inversión, mientras una inflación todavía por arriba de la meta mantiene presión sobre precios, costos y decisiones de financiamiento. Para la política económica, el mensaje es claro: la estabilidad macroeconómica no basta si no se traduce en crecimiento, confianza e inversión productiva.
Hacia adelante, el dato clave será si los siguientes indicadores de actividad confirman esta desaceleración o si el mercado interno, la inversión y el empleo logran estabilizar las expectativas para la segunda mitad del año.



