El 1 de junio de 2026, en el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, se depositaron rosas sobre las huellas de sus manos en la explanada del TCL Chinese Theatre de Hollywood, en un acto que concentró a seguidores y que puso el cierre a varios días de homenajes institucionales y culturales coordinados por distintas instancias de la industria cinematográfica estadounidense.
El acto contó con la presencia de Lawrence Schiller, considerado el último fotógrafo vivo que trabajó con la actriz. En el mismo recinto, donde Monroe dejó impresas sus huellas en 1953 para conmemorar el estreno de Gentlemen Prefer Blondes, la película se proyectó nuevamente ese día.
Los principales homenajes institucionales del centenario incluyen:
- El Academy Museum de Los Ángeles inauguró la exposición Marilyn Monroe: Hollywood Icon, con piezas originales, vestuarios icónicos, fotografías inéditas y objetos personales. La exhibición permanecerá abierta hasta 2027.
- TCM rendirá homenaje a la actriz proyectando sus películas todos los lunes a partir del 1 de junio.
- Julien’s Auctions y TCM organizan una subasta en Beverly Hills el 4 de junio con objetos personales de Monroe, entre ellos las puertas de su casa en Brentwood, valoradas entre 30,000 y 50,000 dólares, y su tarjeta de membresía del SAG de 1956.
- El fin de semana previo, 1,037 personas caracterizadas como la actriz rompieron un récord Guinness frente a la estatua Forever Marilyn en Palm Springs, California.
A cien años de su nacimiento, la industria cinematográfica que la convirtió en leyenda organiza exposiciones, proyecciones especiales y homenajes que demuestran por qué su imagen continúa vigente. Que el Academy Museum dedique una exposición de largo aliento —con vigencia hasta 2027— y que TCM estructure una programación mensual en torno a su filmografía indica que el centenario no se gestiona como un evento puntual, sino como una plataforma de reactivación cultural sostenida. Esto coloca a Monroe, de nuevo, en el centro del debate sobre cómo Hollywood construye y preserva sus íconos.
Detrás de la imagen que a menudo fue reducida a símbolo sexual, hubo una actriz formada en el método y una figura clave en la lucha por el control creativo en Hollywood. La dimensión industrial del centenario es también una oportunidad de revisión: la subasta de su tarjeta del SAG, entre otros objetos, recuerda que Monroe fue una trabajadora del gremio que negoció contratos, fundó su propia productora y desafió el sistema de estudios en un momento en que pocas actrices lo hacían. Para los públicos contemporáneos, esa lectura resulta tan vigente como su iconografía visual.



