7 de octubre de 2026

CDMX --°C | HNC: --

¿Tiene conciencia la I.A.?

La inteligencia artificial calcula y predice, pero no elige entre el bien y el mal ni asume responsabilidad. Sin libertad ni dimensión espiritual, lo que parece conciencia es solo programación humana.

Vivimos tiempos inciertos: por un lado las amenazas globales se propagan con facilidad y el temor de nuevos ataques y de nuevas conformaciones de frentes de batalla armados con tecnología de última generación se vuelve una constante, por el otro lado, sin embargo, esa misma tecnología se somete a pruebas y experimentos que apuestan a una super longevidad que permita prolongar la vida tanto como se desee. Ambos extremos de la realidad generan ambigüedad respecto de la muerte como fenómeno y lo que para unos pareciera normal deja de serlo para otros. Pensar la muerte se ha vuelto en un asunto ético, político y tecnológico en lugar de ser una cuestión fenomenológica como antes se presumía.

Recientes debates sobre las empresas que generan, entrenan y utilizan sistemas y softwares de I.A. han develado que la discusión en torno a su avance no se ha acelerado bajo la premisa de los super poderes de sus capacidades y funciones sino desde la pregunta por si pueden y, de hecho, tienen conciencia.

Esta analogía entre el ser humano y la máquina hunde sus raíces más allá de este tiempo y sus signos tan evidentes. Las máquinas han venido a desplazar al ser humano desde la revolución industrial. El problema no es que las máquinas hagan cosas que el ser humano hace sino que éste se empareja a las primeras y las imita, produciendo con ello patrones identificables y predecibles y dejando de lado su esencia humana.

Parte fundamental de dicha esencia es su conciencia que, primitivamente se asociaba a sueños y elementos naturales pero que, en el fondo, significa la capacidad natural de inclinarnos hacia el bien y alejarnos del mal, es decir, de discernir internamente nuestras acciones.

Ahora bien, si las máquinas y las inteligencias artificiales tienen conciencia, como afirman algunos desarrolladores, tendrían que poder diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal y, en caso de elegir hacer el mal, sabiendo que está mal, sentir, a posteriori, remordimiento o arrepentimiento.

En cambio, el ser humano que tiene conciencia y libertad para elegir, no podría elegir nunca el mal por el mal mismo sino sólo por confusión entre el bien placentero que el mal puede despertar en ciertas ocasiones. Pero, aún cuando elija el mal, tendrá la capacidad de volver sobre su acto y analizarlo y entonces experimentará culpa o temor.

La conciencia entonces no sólo nos permite distinguir entre las acciones buenas y deseables de aquellas malas y repudiables sino deliberar sobre las consecuencias de las mismas y asumir la consecuente responsabilidad; aunque, en ocasiones, para esto, pasen muchos años.

La I.A. y la tecnología que la impulsa no puede elegir una acción por encima de la otra porque carece de libertad para hacerlo pues ésta, la libertad, se da en la cuna de la dimensión espiritual del ser humano, y aquellas carecen de esta dimensión. Además, hay que decir que es en función de esa espiritualidad que les imprimimos una intención a todas nuestras acciones, por ello, no hay acciones “indiferentes” o “neutras”, incluso, aquellas en las que nos servimos de la I.A. y, por ende, los resultados jamás serán del todo “neutros” pues cargarán, detrás, con la intención de la personas que manipuló una máquina o una inteligencia artificial.

Pensar en la conciencia humana es pensar en un presente para discernir y en un futuro para imaginar. Las máquinas y la I.A. calculan y predicen un futuro con base en los datos del pasado, por eso mismo, no lo crean, lo recuerdan y calculan. La conciencia humana entiende la realidad en donde está y, desde ahí, se mueve hacia algo más y ese algo más se busca que sea necesariamente, algo mejor.

Mientras que las personas aspiramos a lo mejor, las máquinas pueden hacerlo a lo peor, crear escenarios distópicos está más cercano a ellas que a nosotros. Cabe entonces preguntarnos si realmente es conciencia lo que manifiestan o sólo una programación de lo que nosotros, con nuestra conciencia, somos capaces de elegir.

Todo el contenido de El Comentario del Día en la palma de tu mano. Suscríbete a nuestros canales de difusión: WhatsApp | Telegram

Publicidad

Accede a tu cuenta

Gestiona tu membresía y consulta el contenido disponible para ti.