3 de octubre de 2026

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Festejan la inercia porque no conocen el progreso

El gobierno presume récords, pero los datos muestran otra cosa: inversión nueva mínima, empleo formal insuficiente, informalidad masiva y finanzas ajustadas por necesidad, no por fortaleza.

Coyuntura económica y algo más

Si el aplauso pagara la despensa, viviríamos tranquilos…

Macraf

La moradora de palacio salió a su informe dominical con el tono de siempre: “vamos bien”, “somos fuertes”, “somos soberanos”, “somos ejemplo”. Y como toda pieza de plaza pública, el objetivo no es explicar la economía: es ganar la conversación. El problema es que la economía no se gana con conversación. Se gana con inversión nueva, productividad y certidumbre. Y si uno compara lo que se festeja con lo que realmente significan los datos, el festejo se cae solo.

Empecemos con su trofeo favorito: récord de IED en el primer trimestre de 2026 con 23,591 millones de dólares, 10.4% arriba de 2025. Suena espectacular. Pero la parte que nunca dicen completa —porque ahí se les rompe el aplauso— es esta: 93% de ese monto es reinversión y solo 7% son nuevos capitales. Dicho en simple: no somos más atractivos, solo estamos administrando lo que ya existe. Es dinero que ya estaba aquí y se quedó porque, para quien ya tiene operación montada, salir puede ser más costoso que quedarse. Eso no es “confianza renovada”; es inercia con cautela. Y México no está para vivir de inercia: está para inversión nueva que abra plantas, eleve productividad y cree empleo de calidad.

Luego presume desempleo de 2.5%, como si eso fuera prueba de bienestar. A ver: ese número, aislado, es un truco estadístico si no dices lo que todos saben y el gobierno intenta esconder con sonrisas: México tiene más del 50% de la PEA en informalidad. Con esa estructura, el “bajo desempleo” no significa que el país esté bien; significa que la gente no puede darse el lujo de estar desempleada, entonces trabaja donde sea, como sea, sin seguridad social, sin estabilidad y muchas veces con ingreso que apenas alcanza. No es éxito; es sobrevivencia maquillada.

Y luego viene el dato que ya es francamente ofensivo: “creamos 669 mil empleos”. ¿De verdad? Si de acuerdo con el IMSS a abril se reporta un total de 231 mil nuevos empleos formales, entonces la cifra de 669 mil, presentada como si fuera logro directo del gobierno, es una mentira abrumadora o, en el mejor de los casos, una manipulación de categorías para que el número se vea grande. El país no necesita cifras infladas; necesita empleo formal masivo. Un país de este tamaño debería estar creando alrededor de 100 mil empleos al mes de forma sostenida. Y eso no está pasando.

Después presume inflación y tasas a la baja como si fueran mérito de Palacio. No lo son. Eso tiene nombre y apellido: Banco de México. Y encima, seamos claros: la propia conducción monetaria hoy prefiere tolerar una inflación por arriba del 4% en lugar de llevarla con fuerza hacia la meta. Y lo de “tasas más bajas” tampoco es la fiesta que venden: bajar tasas reduce el atractivo relativo frente al exterior y puede presionar la estabilidad si el riesgo sube. Pero en Palacio celebran cualquier cosa mientras sirva para el guion del día, aunque no entiendan el mecanismo.

Siguió con el bloque de “gasolina y diésel mantenidos por acuerdos”. Ajá, pero esos acuerdos no incluyen la gasolina premium, que cada vez usa más gente. ¿Y qué contestan cuando les preguntan por eso? Básicamente: “pues carguen magna”. En buen cristiano: te resuelvo lo que me da votos y lo demás arréglatelas como puedas. Da igual si te conviene o no, si te afecta o no, si se te descompone o no. Es más barato “en ese momento”. Gran política pública: puro parche electoral.

Luego presume el tipo de cambio: 17.40 contra 19.65 hace un año, y hasta el dato para aplauso fácil: “segunda moneda más apreciada frente al dólar”. Eso es otra confusión deliberada. El tipo de cambio y su transaccionalidad internacional no dependen del gobierno mexicano como ellos lo quieren vender. Dependen de flujos, tasas relativas, percepción de riesgo, cuentas externas, y de cómo se acomoda el dinero global. Pero es obvio que eso no lo entienden —o fingen no entender— porque el tipo de cambio bonito sirve para el aplauso, aunque no signifique que el país esté mejor.

Y remata con el paquete fiscal: recaudación +4.8% real sin subir impuestos, gasto corriente -10%, deuda (RFSP) en 50.3% del PIB al cierre del 1T2026, déficit 2025 menor en 1.5% del PIB. Todo eso lo quieren vender como virtudes del segundo piso, cuando en realidad son señales de otra cosa: seguimos pagando los errores y caprichos del nuevo morador de Palenque. Ajustan porque no hay de otra. Presumen “disciplina” porque el margen se acabó. Y por cierto: la recaudación del ISR se les cayó en los últimos meses, pero de eso no hablan, porque eso ya no se ve tan bonito en el guion.

Ese es el problema de fondo: el informe es una colección de “trofeos” sin contexto. Y el contexto es el que mata el festejo: IED récord pero sin inversión nueva; desempleo bajo pero con informalidad masiva; empleo presumido pero sin respaldo en la creación formal; inflación y tasas que no dependen del aplauso presidencial; gasolina “controlada” pero solo donde conviene; tipo de cambio celebrado como si fuera logro; y finanzas públicas ajustadas porque el país quedó comprometido por decisiones del sexenio pasado… y porque el presente sigue sin construir certeza.

La economía real, la que vive la gente, no se mueve con frases. Se mueve con oportunidades. Y cuando el gobierno convierte la economía en propaganda, el resultado inevitable es éste: tarde o temprano el bolsillo empieza a resentirlo, la molestia social crece, y el discurso pierde su último escudo.

“Así, así los tiempos estelares del segundo piso, de la transformación de cuarta.”

✒️ El apunte incómodo

No cabe duda: para armar teatros y circos son buenísimos. Y por eso casi nadie está hablando de lo verdaderamente grave: ya quedaron aprobadas y publicadas en el Diario Oficial dos reformas que, sin hacer tanto ruido, son de las jugadas más finas del régimen. Una abre la puerta a anular elecciones por “injerencia extranjera” y la otra formaliza la revisión de aspirantes por posibles nexos con el crimen organizado. En el papel suena impecable. En manos de este régimen, suena a herramienta.

Porque ahora tienen una libertad que ya ensayaron con éxito desde el púlpito presidencial: incidir, presionar, señalar y orientar la cancha con el truco de siempre: “esa solo fue una opinión”. En buen cristiano: cuando convenga, vamos a emitir “opiniones” que, si las dijera cualquier detractor, serían injerencia; pero como las dice el régimen, se vuelven verdad moral, guía cívica y hasta mandato disfrazado.

Y como todo en la 4T, sus acciones, sus dichos y sus pronunciamientos se lavan con el agua del perdón… extraída del pozo de un lugar de allá de la chingada.

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