México entra hoy a la segunda ronda de conversaciones formales con Estados Unidos para la revisión del T-MEC, con una postura clara de la presidenta Claudia Sheinbaum: el tratado es bueno para los tres países y el proceso en curso no es una renegociación.
«A los tres países nos conviene mantener el tratado, a los tres países», dijo Sheinbaum el pasado 12 de junio en Palacio Nacional, tres días antes del inicio de esta segunda etapa negociadora. La mandataria subrayó que el T-MEC tiene un papel específico para Estados Unidos: además de garantizar acceso a bienes, reduce costos para los consumidores estadounidenses, argumento que el equipo negociador lleva como bandera a Washington.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, encabeza la delegación mexicana en una agenda que originalmente cubría el 16 y 17 de junio, pero que se amplió para ocupar casi toda la semana del 15 al 18. Ebrard tiene prevista una reunión de fondo con el responsable negociador de la parte estadounidense el 18 de junio.
En esta ronda se incorporan dos temas nuevos: agricultura y condiciones de competencia equitativa. Ambos se suman al capítulo de reglas de origen automotriz, que quedó sin resolverse tras la primera ronda celebrada el 28 y 29 de mayo en Ciudad de México. En esa sesión, la parte estadounidense exigió que al menos el 50% del valor de cada vehículo fabricado en Norteamérica provenga de territorio de EE.UU. México rechazó esa cifra, aunque aún no presenta una contrapropuesta pública.
En el frente agrícola, el Consejo Nacional Agropecuario anticipa que Estados Unidos planteará restricciones estacionales a la entrada de frutas y hortalizas mexicanas para evitar que compitan con la cosecha local, una fórmula que ya apareció en la renegociación de 2017.
La postura de Sheinbaum apunta a una estrategia negociadora anclada en la interdependencia económica regional. Presentar el T-MEC como un acuerdo que beneficia a las tres partes reduce la presión para hacer cambios estructurales en sectores clave. Para la industria exportadora mexicana, particularmente la automotriz y la agroalimentaria, el resultado de estas conversaciones definirá condiciones de acceso al mercado estadounidense con efecto directo sobre inversión y empleo.
Lo que habrá que observar esta semana es si México presenta una contrapropuesta concreta en reglas de origen automotriz y cómo escala la tensión en la agenda agrícola. La tercera ronda, programada para la semana del 20 de julio en Ciudad de México, es la instancia que definirá si hay acuerdo en 2026 o si el proceso deriva en revisiones anuales de menor certidumbre.



