22 de septiembre de 2026

CDMX --°C | HNC: --

NOTICIAS

Salarios bajos: productividad frena mejores ingresos

Los salarios bajos no se explican solo por el salario mínimo: productividad, educación, inversión e informalidad definen cuánto puede mejorar el ingreso real.

Los salarios bajos en México no se explican por una sola causa. Aunque el salario mínimo ha tenido incrementos importantes en los últimos años, el ingreso que llega al bolsillo depende de una combinación más amplia: productividad, educación, inversión, formalidad laboral, poder de negociación y costo de vida.

La pregunta es cotidiana: si el salario mínimo sube, ¿por qué muchas personas siguen sintiendo que ganan poco? La respuesta está en la diferencia entre salario nominal y salario real. El primero es la cantidad de pesos que recibe una persona; el segundo mide lo que esos pesos pueden comprar. Por eso, en ciertos momentos se paga más en términos de monto, pero se siente menos cuando la inflación, la renta, el transporte, los alimentos o los servicios absorben buena parte del aumento.

En 2026, el salario mínimo general se ubicó en 315.04 pesos diarios, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte llegó a 440.87 pesos diarios. Es un avance relevante para quienes estaban en la parte más baja de la escala salarial. Sin embargo, el salario mínimo no corrige por sí solo la estructura completa del mercado laboral. Ayuda a elevar el piso, pero no garantiza que todos los empleos escalen hacia mejores ingresos.

El primer factor es la productividad. En economía, los salarios tienden a crecer de forma sostenible cuando cada hora trabajada genera más valor. Eso ocurre cuando hay mejores procesos, tecnología, capacitación, maquinaria, organización empresarial e innovación. Si una empresa produce poco valor por trabajador, tendrá menos margen para pagar mejores sueldos sin afectar costos, precios o empleo.

El problema es que la productividad laboral de la economía mexicana se mantiene débil. En el primer trimestre de 2026, el índice global de productividad laboral bajó 0.1% frente al trimestre anterior y apenas avanzó 0.1% frente al mismo periodo del año previo. En actividades secundarias, que incluyen industria y manufactura, la caída anual fue de 1.2%. Esto limita la posibilidad de que los salarios suban más allá de ajustes legales o negociaciones puntuales.

El segundo factor es la educación. No basta con tener años de escolaridad; importa la calidad de los aprendizajes y su conexión con el mercado laboral. Cuando las habilidades de los trabajadores no corresponden con las necesidades de las empresas, los empleos disponibles suelen concentrarse en tareas de baja complejidad y bajo pago. Esto afecta especialmente a jóvenes, mujeres y trabajadores que no pudieron acceder a capacitación técnica o educación superior pertinente.

El tercer factor es la inversión. Para que una persona sea más productiva, no solo necesita esfuerzo individual: necesita herramientas, capital, infraestructura, software, maquinaria, transporte, energía confiable y empresas dispuestas a crecer. La inversión fija bruta avanzó 0.4% mensual en marzo de 2026, pero cayó 3.1% anual. Ese dato importa porque una economía que invierte poco crea menos empleos de alto valor agregado y más ocupaciones de baja remuneración.

El cuarto factor es el mercado laboral. México tiene desempleo bajo, pero una alta informalidad. En el primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación fue de 2.6%, pero la informalidad laboral llegó a 54.8%. Esto significa que muchas personas trabajan, pero sin seguridad social, prestaciones, estabilidad o una ruta clara para mejorar ingresos.

La diferencia entre formalidad e informalidad se ve directamente en el bolsillo. En el primer trimestre de 2026, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada fue de 8,110.67 pesos mensuales. Para trabajadores formales fue de 11,157.72 pesos, mientras que para informales fue de 5,751.41 pesos. El dato resume una parte central del problema: no todo empleo genera bienestar.

Para los hogares, esto implica que el salario mínimo puede aliviar el ingreso más bajo, pero no sustituye una agenda de productividad. Para las empresas, el reto es invertir y capacitar para pagar mejor sin perder competitividad. Para el gobierno, la prioridad debería ser reducir la informalidad, mejorar educación técnica, dar certeza a la inversión y elevar la productividad regional.

La discusión salarial no debe quedarse en cuánto sube el mínimo cada año. La pregunta de fondo es cómo lograr que más trabajadores participen en actividades que generen mayor valor. Ahí está la diferencia entre administrar sueldos bajos y construir una economía capaz de pagar mejor.

Recibe contenido exclusivo directo en tu celular. Suscríbete: WhatsApp | Telegram

Nuestro contenido noticioso es elaborado con información proveniente de fuentes públicas y verificables. Parte del texto puede haber sido procesado con herramientas digitales con fines de redacción, sin que ello sustituya la responsabilidad editorial de El Comentario del Día. No se reproduce de forma literal obra protegida por derechos de autor.

Si considera que este contenido pudiera afectar derechos de autor o requiere aclaraciones, puede escribir a: [email protected]

Publicidad

Accede a tu cuenta

Gestiona tu membresía y consulta el contenido disponible para ti.