17 de septiembre de 2026

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Desfile militar exhibe nuevas capacidades de seguridad

El desfile militar de 2026 mostró nuevas capacidades tecnológicas, vehículos especializados, drones y más de 100 aeronaves, mientras el Gobierno destacó la preparación de las Fuerzas Armadas.

El Desfile Cívico-Militar por el 216 aniversario del inicio de la Independencia dejó este 16 de septiembre una exhibición poco habitual: además de los contingentes que recorrieron el Centro Histórico, las Fuerzas Armadas mostraron drones tácticos, vehículos blindados de fabricación nacional, sistemas de armas operados a distancia y un despliegue de 107 aeronaves.

La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó por segundo año consecutivo la ceremonia en la Plaza de la Constitución, acompañada por los titulares de Defensa y Marina. El parte final reportó 15 mil 330 integrantes de las Fuerzas Armadas, 404 elementos del Servicio Militar Nacional, 536 vehículos terrestres, 50 drones, 16 embarcaciones y 142 binomios caninos.

El componente aéreo también marcó la jornada. De las 107 aeronaves participantes, 93 correspondieron a la Fuerza Aérea Mexicana, seis a la Guardia Nacional y ocho a la Armada de México. Durante el desfile, 99 realizaron el sobrevuelo simultáneo sobre el Zócalo, una maniobra que no se había presentado de esa forma en las ediciones anteriores.

Tecnología desarrollada para operaciones militares

La principal novedad estuvo en los equipos que ya forman parte de las capacidades operativas de las instituciones. Entre ellos estuvieron los vehículos tácticos blindados DN-XI, equipados con los sistemas SARAF Balam I y II, desarrollados por la Industria Militar para operar armamento desde el interior del vehículo mediante controles electrónicos y pantallas.

La característica tiene una función concreta: permitir que el personal opere el armamento protegido por el blindaje, sin exponerse directamente al fuego. El Balam I puede utilizar ametralladoras de calibres 5.56 y 7.62 milímetros, mientras que el Balam II permite emplear armamento calibre 12.7 milímetros y lanzagranadas de 40 milímetros.

También fueron mostrados vehículos como Huracán, Cimarrón y Titán, desarrollados por ingenieros militares mexicanos, además de equipos para detección y desactivación de explosivos y sistemas relacionados con vigilancia y operaciones con drones.

La presencia de aeronaves no tripuladas responde además a un escenario que las Fuerzas Armadas ya enfrentan en territorio. La Defensa ha señalado el uso de drones por organizaciones delictivas y mantiene equipos para detectar e inhibir estos aparatos. La modernización, por ello, no se limita a incorporar tecnología para vigilancia, sino que también busca responder a nuevas formas de operación de grupos criminales.

La exhibición muestra capacidad, no resultados

El desfile permitió mostrar hacia dónde se dirige parte de la modernización militar: vehículos con mayor protección, sistemas de armas remotos, drones y herramientas para reconocimiento y vigilancia. Sin embargo, el despliegue de equipo durante una ceremonia no permite medir por sí mismo el impacto de esas capacidades en materia de seguridad.

Ese contraste es importante porque las Fuerzas Armadas mantienen una participación permanente en tareas de vigilancia territorial, seguridad pública, combate a organizaciones delictivas y atención de emergencias. La tecnología puede ampliar las posibilidades de operación y reducir determinados riesgos para el personal, pero sus resultados deben observarse en las misiones donde se utiliza.

La dimensión aérea también tuvo efectos fuera del desfile. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México suspendió aterrizajes y despegues entre las 10:00 y las 14:00 horas para garantizar las maniobras militares, en una coordinación entre autoridades civiles y militares.

Al concluir la jornada, el comandante de la columna, Enrique Martínez López, informó que participaron 21 banderas de guerra y que el desfile transcurrió sin novedad. La ceremonia cumplió así su función cívica, pero también dejó una muestra pública de los recursos con los que cuentan las instituciones armadas.

El dato que queda después del espectáculo no es únicamente cuántos vehículos, drones o aeronaves fueron desplegados, sino para qué están siendo desarrollados. La apuesta tecnológica apunta a aumentar la protección del personal, mejorar la vigilancia y responder a amenazas que también han incorporado herramientas no tripuladas. Su verdadero alcance tendrá que comprobarse en las operaciones cotidianas, donde la capacidad mostrada en el Zócalo debe convertirse en resultados verificables

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