Grandes fabricantes y concesionarios de vehículos enviaron una carta urgente al presidente Donald Trump. En el documento, solicitaron frenar la entrada de automotrices chinas a Estados Unidos. La petición surge a pocos días de la reunión formal entre Trump y el presidente de China, Xi Jinping. Con esta medida, la industria busca impedir la venta, importación o ensamblaje de autos asiáticos en suelo estadounidense.
El llamado responde a declaraciones recientes del mandatario en televisión. La semana previa, Trump afirmó que no le molestaría que firmas del país asiático operen plantas en territorio norteamericano. Frente a esta postura, consorcios como General Motors, Toyota, Ford, Stellantis, Volkswagen y Tesla expresaron su alarma. A su juicio, permitir tales aperturas dañaría las inversiones históricas del sector local.
Riesgos para el empleo y la inversión fabril
La postura unitaria sumó el respaldo de las principales asociaciones de distribuidores y proveedores del sector. Según los firmantes, abrir las fronteras a competidores chinos no creará fuentes de trabajo para los ciudadanos locales. Por el contrario, trasladará empleos hacia empresas subsidiadas por el gobierno de Beijing:
- Advierten que los fabricantes asiáticos aún no poseen cuota formal en el mercado estadounidense.
- Sostienen que permitir plantas locales daría una ventaja indebida a compañías estatales extranjeras.
- Alertan sobre negociaciones comerciales bilaterales durante el encuentro con la delegación china.
- Piden sostener medidas firmes que bloqueen la importación y comercialización de estas unidades.
Seguridad nacional y restricciones a la tecnología
Por su parte, la senadora Elissa Slotkin alertó sobre la posible presencia de la empresa BYD en la delegación asiática. Actualmente, Washington impone aranceles superiores al 100% a los vehículos eléctricos procedentes de China. Además, el gobierno aplica restricciones a tecnologías como Bluetooth, Wi-Fi y conexiones móviles por posibles fugas de datos de conductores.
En paralelo, el Congreso evalúa leyes adicionales para blindar el comercio interno frente a la industria oriental. Finalmente, la entrada de automotrices chinas a Estados Unidos abre un fuerte debate económico, donde las marcas tradicionales buscan defender sus empleos e inversiones ante la competencia de bajo costo.



