18 de septiembre de 2026

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La bicicleta gana espacio en la movilidad urbana

El crecimiento de los sistemas de bicicletas públicas y la expansión de infraestructura ciclista están cambiando la forma de trasladarse en las ciudades. Ciudad de México refleja esta tendencia con mayor demanda y nuevos planes de cobertura.

El crecimiento del uso de la bicicleta está modificando la movilidad urbana en distintas ciudades, donde los sistemas públicos y las ciclovías conectadas forman parte de las estrategias de traslado cotidiano. En la Ciudad de México, esta tendencia se refleja en la demanda de ECOBICI, que durante 2026 mantiene más de 185 mil membresías activas y una operación de 9 mil 308 bicicletas en 689 cicloestaciones.

El aumento de la bicicleta como medio de transporte responde a varios cambios en la manera de planear las ciudades. Una de las principales tendencias es pasar de construir tramos individuales de infraestructura a desarrollar redes que permitan llegar de manera continua a escuelas, centros de trabajo, comercios, estaciones de transporte y otros servicios. La conexión entre rutas es relevante porque una ciclovía aislada puede tener un uso limitado, mientras que una red continua amplía los destinos que pueden alcanzarse en bicicleta.

Los sistemas de bicicletas compartidas también ocupan un lugar importante. En la capital mexicana, ECOBICI registra alrededor de 50 mil viajes diarios en las alcaldías con mayor demanda, principalmente Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo. Los horarios de mayor utilización coinciden con los periodos de mayor movilidad, entre las 7:00 y las 10:00 horas y de las 17:00 a las 20:00 horas. Estos datos muestran que el uso de la bicicleta no se concentra únicamente en actividades recreativas, sino que también forma parte de los desplazamientos diarios.

La expansión de estos servicios está acompañada por nuevas necesidades de planeación. En agosto de 2026 se anunció la ampliación de ECOBICI a 15 mil bicicletas y mil 111 cicloestaciones, con cobertura en Iztacalco, Iztapalapa y Tlalpan, además de las alcaldías donde ya opera. La expansión busca responder a una demanda creciente y llevar el sistema a más zonas de la ciudad.

Otra tendencia es la integración de la bicicleta con el resto del transporte público. Para que los recorridos sean funcionales, las personas necesitan combinar medios de traslado, contar con espacios para estacionar bicicletas y disponer de conexiones seguras. Por ello, la movilidad ciclista ya no depende solamente del número de bicicletas disponibles, sino de la calidad y continuidad de la infraestructura que las acompaña.

La seguridad vial es otro elemento central. El crecimiento del número de personas ciclistas exige que las calles sean diseñadas para compartir el espacio entre peatones, bicicletas, transporte público y vehículos particulares. En este contexto, la infraestructura protegida, el mantenimiento de las rutas, la señalización y la educación vial forman parte de las condiciones necesarias para que más personas puedan utilizar la bicicleta.

Los datos regionales también muestran que la tendencia trasciende a una sola ciudad. El Monitor Ciclociudades 2025 del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) México analizó 48 ciudades de América Latina y encontró más de 5 mil kilómetros de infraestructura ciclista en la región. El estudio incorpora indicadores de infraestructura, seguridad vial, políticas públicas, promoción y participación ciudadana. Esto muestra que el desarrollo de la movilidad ciclista depende de varios factores y no únicamente de construir ciclovías.

La investigación publicada en 2026 en el Journal of Urban Mobility sobre Ciudad de México encontró, además, una asociación entre la disponibilidad de ciclovías temporales y mayores incrementos en el uso de la bicicleta después de la pandemia. El efecto fue especialmente marcado entre mujeres, lo que señala la importancia de considerar la seguridad y las condiciones de infraestructura al analizar quiénes pueden beneficiarse de estas alternativas.

El reto para las ciudades será convertir el crecimiento de la bicicleta en una opción de movilidad cotidiana que pueda integrarse con otros servicios y mantenerse segura. Esto implica ampliar redes conectadas, mejorar su mantenimiento, facilitar la intermodalidad y generar información que permita medir su uso. La evolución de la movilidad urbana apunta así hacia sistemas donde la bicicleta comparte un papel cada vez más visible con el transporte público y otras formas de desplazamiento.

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