25 de septiembre de 2026

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México se está haciendo viejo antes de hacerse rico

México envejece sin haber capitalizado su bono demográfico: menos nacimientos, más longevidad y una economía que aún no genera la productividad necesaria para sostenerlo.

Durante muchos años hemos pensado en México como un país joven. Una población grande, familias con varios hijos y millones de personas entrando cada año al mercado laboral parecían ser características permanentes de nuestro país. Sin embargo, esta realidad está cambiando y probablemente más rápido de lo que pensamos.

México está atravesando una transición demográfica importante. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población, el crecimiento de la población se redujo a alrededor de 0.75% anual en 2026. Además, actualmente las mujeres tienen en promedio cerca de 1.8 hijos, mientras que la esperanza de vida ronda los 76 años. En pocas palabras: nacen menos mexicanos y vivimos más tiempo.

Que las personas vivan más tiempo es, por supuesto, una buena noticia. El problema aparece cuando pensamos en las consecuencias económicas de este cambio. Una población que envejece necesita más servicios de salud, cuidados y recursos para pensiones. Al mismo tiempo, si hay proporcionalmente menos jóvenes, eventualmente habrá también menos trabajadores sosteniendo una población de adultos mayores cada vez más grande.

Y México todavía tiene varios problemas pendientes antes de llegar a esa etapa.

Una gran parte de los trabajadores se encuentra en la informalidad, lo que significa que millones de personas pasan buena parte de su vida laboral sin realizar aportaciones constantes a sistemas de seguridad social o ahorro para el retiro. A esto se suma el problema de la productividad: si en el futuro habrá proporcionalmente menos trabajadores, cada trabajador tendrá que producir más para mantener el crecimiento económico y sostener una mayor demanda de servicios públicos.

Por eso resulta preocupante que México pueda estar envejeciendo antes de aprovechar completamente su bono demográfico. Todavía tenemos una gran población en edad de trabajar, pero esta ventaja tiene fecha de caducidad. De hecho, el propio Programa Nacional de Población 2026-2030 reconoce la necesidad de aprovechar esta etapa mediante mayores inversiones en educación, empleo, salud, cuidados y protección social antes de que avance el envejecimiento.

El cambio ya se observa entre las nuevas generaciones. Actualmente, los menores de 11 años representan aproximadamente 18% de la población mexicana. CONAPO estima que esta proporción podría disminuir a 14.5% dentro de quince años y llegar a apenas 10% hacia 2070.

Esto también cambiará muchas cosas que hoy damos por sentadas. En algunas décadas podríamos necesitar relativamente menos escuelas y muchas más instalaciones de salud y cuidados. Las empresas enfrentarán un mercado laboral distinto y el gobierno tendrá que encontrar formas sostenibles de financiar una población más longeva.

México todavía tiene tiempo para prepararse. El envejecimiento poblacional no debe entenderse como una crisis inevitable, sino como un proceso que puede anticiparse. La verdadera pregunta es qué haremos con los años que quedan del bono demográfico.

Porque el problema no es que México se haga viejo. El problema sería llegar a viejo sin habernos hecho suficientemente productivos y prósperos.

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