El estado de Nueva York ha dado un paso decisivo para asegurar el proyecto de fabricación de semiconductores de Micron Technology, que prevé una inversión de hasta $100.000 millones durante los próximos 20 años. La aprobación incluye la luz verde para las líneas eléctricas y la infraestructura necesaria para la «mega-fábrica» de Clay, un proyecto fundamental que busca reducir la dependencia de Estados Unidos de la producción de chips en el extranjero y creará cerca de 50.000 empleos.
Esta inversión, catalogada como la mayor inversión privada en la historia del estado, es crucial para la estrategia nacional impulsada por la Ley de Chips (CHIPS Act), que ofrece miles de millones en subsidios federales y estatales ($5.5 mil millones solo de Nueva York) para fomentar la fabricación interna de tecnología avanzada.
No obstante, el proyecto avanza bajo una intensa vigilancia ambiental y crítica. Durante las audiencias públicas sobre el impacto ambiental, defensores como el Sierra Club han advertido sobre el uso de sustancias perfluoroalquilo y polifluoroalquilo (PFAS), conocidos como «químicos eternos», en el complejo proceso de fabricación de semiconductores. Los PFAS se asocian a graves problemas de salud y son difíciles de descomponer.
La principal preocupación crítica radica en el riesgo de un derrame químico que podría contaminar cuerpos de agua vitales, como el Lago Ontario, por encima de los límites máximos de contaminantes establecidos por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). A pesar de las afirmaciones de Micron sobre el uso de tecnología para el manejo de estos químicos, la magnitud y complejidad del proyecto de $100.000 millones exigen una transparencia y un control regulatorio sin precedentes para equilibrar el imperativo de la seguridad tecnológica con la protección del entorno natural.



