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6 de marzo de 2026

OCDE aplaude, el México real… duda

OCDE aplaude, pero la confianza y la inversión muestran cautela: empresarios y hogares no se sienten en terreno firme. Sin reglas claras y Estado de derecho, México no acelera.

Coyuntura económica y algo más

Si los informes cambiaran la realidad, viviríamos en una utopía…

Macraf

A la moradora de palacio le encantan los sellos internacionales… siempre y cuando vengan con aplauso. Por eso el reporte de la OCDE sobre México se presume como si fuera medalla: “vamos bien”, “hay estabilidad”, “somos ejemplo”. El problema es que una economía no vive de medallas: vive de decisiones reales. Y la realidad mexicana trae una señal que no se puede editar con narrativa: la confianza está baja y la inversión está fría. Ese es el corazón del asunto.

Sí, la OCDE puede proyectar crecimiento y reconocer estabilidad. Pero el punto no es el número bonito, sino el motor que lo sostiene. Y el motor del crecimiento —en cualquier economía, incluyendo la mexicana— se llama inversión. Sin inversión no hay productividad; sin productividad no hay salarios; sin salarios no hay mercado interno fuerte; sin mercado interno no hay desarrollo que aguante. La ruta es simple, aunque en el discurso la quieran complicar.

Por eso vale más mirar el piso que la vitrina. Y hoy el piso está resbaloso. El Indicador Global de Opinión Empresarial se ubicó en 48.8 en febrero: subió 0.7 puntos respecto al mes anterior, sí, pero cayó 1.3 en comparación anual y suma 12 meses seguidos por debajo de 50. Eso no es “pesimismo”; es cautela estructural. Es el empresario diciendo: “no me siento en terreno firme”. Y cuando el empresario no se siente en terreno firme, lo que hace es lo único racional: espera. Y cuando el capital espera, el empleo también espera.

La segunda señal es todavía más delicada, porque ya no es la empresa: es el hogar. La confianza del consumidor se ubicó en 44.4 en febrero. Subió 0.3 en el mes, pero está 2.0 puntos abajo respecto al año previo. Es decir: mejora un poquito en la foto mensual, pero llega más débil al compararla con la película anual. Y dentro de esa misma encuesta hay un dato que debería incomodar a cualquier gobierno que presume bienestar: las posibilidades actuales de ahorrar están en 40.3 y, aunque subieron en el mes, traen una caída anual de 2.8 puntos. Ese número no es moralina financiera; es supervivencia: cuando la gente no puede ahorrar, vive al día. Y un país que vive al día es un país vulnerable.

La tercera señal es la que termina de desarmar el “vamos perfecto”: la inversión fija. En diciembre la formación bruta de capital fijo creció 0.5% mensual, pero en tasa anual cayó 1.6%. Y aquí está el detalle que duele: la maquinaria y equipo bajó 7.9% anual, mientras la construcción subió 4.1%. Traduzco esto sin tecnicismos: construir puede moverse por obra y por inercia, pero la caída en maquinaria y equipo es la que pega directo a la capacidad productiva futura. Es el músculo industrial perdiendo fuerza. Y además, la inversión pública cerró con una caída anual de 11.0%, mientras la privada creció 2.3%. No es sorpresa: cuando el gobierno ajusta, recorta donde puede; cuando el privado duda, invierte con freno.

Entonces, ¿qué significa todo esto para el diagnóstico económico? Que el reporte de la OCDE puede traer barniz, pero los indicadores de confianza e inversión están diciendo otra cosa: la economía se sostiene, pero no acelera. Y aquí es donde la propaganda se vuelve peligrosa: porque si el gobierno se convence de su propio aplauso, deja de corregir lo que sí sostiene el crecimiento: Estado de derecho, reglas claras, seguridad, educación y salud funcional, infraestructura útil y condiciones para invertir.

Porque ojo: no basta con “que el consumo aguante”. Si el consumidor no confía, consume con miedo. Si el empresario no confía, invierte con freno. Si la inversión cae, la productividad se estanca. Y si la productividad se estanca, el desarrollo se vuelve un discurso de temporada. La diferencia entre crecer y desarrollarse es justamente esa: el desarrollo requiere instituciones y capital humano, no solo gasto y ocurrencias.

La corcholata mayor puede seguir usando informes como espejo favorable, pero el país real ya dejó su mensaje: el aplauso internacional no compensa la desconfianza interna. Y eso se nota donde siempre: en la inversión que no despega, en el empleo que no se robustece y en el hogar que no puede ahorrar.

Así, así los tiempos estelares del segundo piso, de la transformación de cuarta.

✒️ El apunte incómodo

Ya se entregó la reforma electoral a la Cámara de Diputados y, según lo que se comenta, llega mal redactada, pretende tocar 11 artículos constitucionales y, para rematar, sin una sola ley secundaria que aterrice la operación. Es decir: quieren mover el cimiento sin planos, sin manual y sin responsabilidad.

Y ese es el verdadero problema: no es que quieran “mejorar” la democracia; es que quieren ajustar reglas con prisa, con ambición y con improvisación. La moradora de palacio insiste en que todo es institucional, que todo es “por el pueblo”… pero cuando lo que presentan ni siquiera viene bien construido en lo jurídico, queda claro que el objetivo no es fortalecer el sistema: es dominarlo. Y cuando una reforma constitucional se redacta como tarea de último minuto, lo que se está diciendo no es “vamos a transformar”: se está diciendo “vamos a tomar control y luego vemos cómo funciona”.

Columnas de opinión

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