México llegará a la primera ronda de conversaciones con Estados Unidos sobre la revisión del T-MEC con una posición ya delimitada: mantener la vigencia del acuerdo comercial y buscar la eliminación de aranceles. La definición fue anunciada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, como parte de un plan aprobado por la presidenta Claudia Sheinbaum, en el arranque de una etapa clave para la relación económica de América del Norte.
La ruta inmediata ya tiene fechas. Este martes 17 de marzo se realizará una reunión previa por vía virtual y el miércoles 18 de marzo tendrá lugar la primera ronda de conversaciones con Estados Unidos en las instalaciones de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). El objetivo del gobierno mexicano es llegar a esa mesa con una postura concentrada en dos frentes: preservar el tratado como eje de la relación regional y reducir barreras comerciales que afectan la competitividad exportadora.
El planteamiento tiene implicaciones económicas directas. La revisión del T-MEC no se está presentando como una discusión para rediseñar por completo el acuerdo, sino como una negociación para mantener su continuidad y disminuir fricciones en el intercambio. Eso implica que México buscará defender el acceso preferencial al mercado estadounidense en un momento en que los aranceles, las reglas de origen y la seguridad de las cadenas de suministro se están colocando en el centro de la agenda regional.
La primera fase de la conversación estará marcada por tres temas principales:
- seguridad en las cadenas de suministro;
- reglas de origen;
- sustitución o reducción de importaciones provenientes de Asia.
Estos puntos muestran que la mesa no girará solo en torno a aranceles en sentido estricto. También se discutirá cómo fortalecer la integración productiva dentro de América del Norte, reducir dependencias externas y elevar el contenido regional de los bienes que buscan acceder a los beneficios del tratado. En términos económicos, eso significa que la revisión tocará tanto el comercio final de mercancías como la estructura de proveeduría que sostiene a sectores manufactureros y exportadores.
La parte estadounidense también llegará con una agenda definida. Entre los temas identificados aparecen el endurecimiento de las reglas de origen, el fortalecimiento de la seguridad y resiliencia de las cadenas compartidas de producción y la presión para reducir la entrada de productos e insumos asiáticos a través de Norteamérica. Esa combinación anticipa una discusión sobre competitividad regional, pero también sobre el modo en que cada país participa en el ensamblaje, abasto y transformación de bienes.
El dato económico de fondo es que el tratado sigue siendo la pieza central del vínculo comercial de la región. Para México, sostener su permanencia y remover aranceles significa proteger condiciones de acceso a su principal mercado externo. También implica contener incertidumbre para exportadores e inversionistas en sectores donde las reglas de origen, la integración productiva y el costo de los insumos son determinantes.
Hay además un ángulo energético e industrial que pesa en la lectura de esta primera ronda. Ebrard dejó fuera de la primera reunión técnica las tensiones geopolíticas, pero reconoció una dependencia alta de México respecto al gas natural y combustibles procesados en Estados Unidos. En el material se señala que alrededor de 70 por ciento de lo que se consume en el país proviene de ese mercado. Esa proporción vuelve especialmente sensible cualquier alteración de precios o condiciones de suministro, no solo para la generación eléctrica, sino para industrias como fundición, procesamiento de alimentos y automotriz.
La posición mexicana también sugiere una estrategia de contención. Al centrar la conversación en la permanencia del acuerdo y en quitar aranceles, el gobierno busca fijar desde el inicio una base de estabilidad comercial. Esa lectura se refuerza con la decisión de manejar la primera mesa en términos técnicos, dejando fuera otros temas de confrontación política más amplia. El mensaje es que, al menos en esta fase, la prioridad será ordenar la negociación económica antes que abrir frentes paralelos.
Otro elemento relevante es el calendario posterior. Después de este primer intercambio entre México y Estados Unidos, el proceso continuará en los próximos meses y México iniciará conversaciones con Canadá a partir de mayo. Eso indica que la revisión será escalonada y que la relación trilateral no se resolverá en una sola ronda. También confirma que esta semana funciona más como punto de partida que como cierre de definiciones.
Para empresas y sectores productivos, el arranque de la revisión abre un periodo de atención sobre tres variables concretas: acceso sin aranceles, contenido regional exigido y seguridad de las cadenas de suministro. Para la política económica, el objetivo inmediato es reducir incertidumbre y defender una integración comercial que sigue siendo central para la estructura exportadora del país.



