Las finanzas públicas arrancaron 2026 con una señal que mezcla disciplina y fragilidad. Por un lado, el gobierno logró un superávit primario presupuestario de 98 mil millones de pesos en el primer trimestre, muy por encima del déficit de 27 mil millones que estaba previsto en el programa. Por otro, los ingresos totales del sector público siguieron mostrando debilidad, con una caída real anual de 0.7% y un faltante de 79 mil 509 millones de pesos frente a lo calendarizado.
La clave de esa combinación está en la composición de los ingresos. Los ingresos presupuestarios sumaron 2 billones 224 mil 264.9 millones de pesos, pero el componente petrolero volvió a ser el punto más débil. Los ingresos petroleros se ubicaron en 216 mil 186.4 millones, con una baja real anual de 9.4% y un rezago de 87 mil 816.8 millones respecto al programa. En contraste, los ingresos no petroleros llegaron a 2 billones 8 mil 78.4 millones, crecieron 0.4% real y superaron en 8 mil 307.8 millones lo previsto.
Ese contraste importa porque muestra con claridad de dónde vino el deterioro y dónde estuvo el sostén. La parte no petrolera evitó un daño mayor, pero no alcanzó para compensar por completo la debilidad de los recursos ligados al petróleo. En otras palabras, el primer trimestre dejó una hacienda pública más dependiente del mercado interno, de la recaudación y de los ingresos no tributarios que del componente energético.
Dentro de la recaudación tributaria, el comportamiento también fue desigual. El total recaudado por impuestos fue de 1 billón 575 mil 413 millones de pesos, con una caída real anual de 0.6%. El ISR se ubicó en 899 mil 964.6 millones y retrocedió 4.1% real. El IVA sumó 401 mil 576.6 millones, con una baja real de 3.7%, aunque quedó 4 mil 709.7 millones por encima del calendario. El dato más fuerte vino del IEPS, que alcanzó 191 mil 634.8 millones, creció 19.4% real y superó el programa en 7 mil 161.3 millones.
También hubo un apoyo relevante del lado no tributario. Los ingresos no tributarios ascendieron a 133 mil 949.2 millones de pesos, con un alza real de 4.3% y un resultado 23 mil 472.5 millones arriba de lo programado. A eso se sumó un mejor desempeño de la CFE, con ingresos por 119 mil 898.8 millones y crecimiento real de 5.1%, así como avances en IMSS e ISSSTE, con aumentos reales de 2.8% y 6.6%, respectivamente.
Del lado del gasto, el gobierno mantuvo una ejecución por debajo del calendario. El gasto total fue de 2 billones 431 mil 602.8 millones de pesos, con crecimiento real anual de 2.6%, pero 251 mil 658.3 millones por debajo del programa. El gasto programable sumó 1 billón 691 mil 457.7 millones y aumentó 2.7% real, mientras el costo financiero se ubicó en 305 mil 404.3 millones, con una caída real de 3.1% y un nivel 47 mil 235.6 millones inferior a lo previsto.
La composición del gasto deja ver cuáles fueron las prioridades del trimestre. Hacienda reportó incrementos anuales de 34.6% en salud, 15.0% en educación y 7.3% en protección social. Además, la inversión física repuntó 69.8% anual en marzo, aunque el acumulado del trimestre siguió condicionado por el calendario de ejecución. La señal es importante porque sugiere que la contención del gasto no implicó una parálisis total, sino una combinación de menor ritmo agregado con reasignación hacia rubros sociales y de inversión específica.
El resultado fiscal del trimestre confirma ese ajuste. Los Requerimientos Financieros del Sector Público ascendieron a 156 mil millones de pesos, dentro de los techos aprobados. Al mismo tiempo, el déficit presupuestario quedó 172 mil millones de pesos por debajo del monto calendarizado. Eso ayudó a sostener una trayectoria de deuda contenida en términos relativos. El SHRFSP se ubicó en 50.4% del PIB, mientras la deuda neta del Gobierno Federal se colocó en 46.7% del PIB. Además, los fondos de estabilización crecieron de 162 mil 536.7 millones en diciembre a 171 mil 165.2 millones de pesos en marzo.
La lectura de fondo es bastante clara. El primer trimestre no dejó unas finanzas públicas holgadas, pero sí una ejecución más ordenada de lo previsto. El problema sigue estando en el lado petrolero y en una recaudación que no avanza de forma uniforme. La fortaleza vino de un mejor balance primario, de gasto por debajo del calendario y de algunos ingresos no petroleros que compensaron parcialmente el hueco energético.
Para la economía mexicana, eso implica una conclusión incómoda pero importante: el margen fiscal no está roto, pero tampoco sobra. El gobierno abrió 2026 con un mejor balance que el esperado, sí, pero lo hizo con ingresos totales débiles y con el petróleo todavía sin ofrecer el respaldo que alguna vez tuvo.



