23 de septiembre de 2026

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Empleo en México 1T 2026: informalidad sube y condiciones críticas se agravan

Más empleos, pero más precarios: la informalidad laboral alcanzó 54.8% y las condiciones críticas de ocupación subieron a 38.8% en México.

Mercado laboral en México: crece la ocupación, pero se profundiza la precariedad

El mercado laboral mexicano cerró el primer trimestre de 2026 con una lectura ambivalente: la ocupación siguió expandiéndose en términos absolutos, pero los indicadores que miden la calidad del empleo se deterioraron de manera simultánea. La informalidad laboral avanzó, las condiciones críticas de ocupación se agravaron y la tasa de desocupación repuntó levemente, configurando un panorama donde el crecimiento del empleo no se traduce, por ahora, en mejores condiciones para los trabajadores.

INEGI reportó que la población económicamente activa —es decir, quienes tienen un empleo o lo buscan activamente entre la población de 15 años y más— sumó 61.1 millones de personas en enero-marzo de 2026, lo que equivale a una tasa de participación de 58.7% de ese segmento poblacional. El dato implica un incremento de 622 mil personas respecto al mismo trimestre de 2025, cuando la cifra se ubicaba en 60.5 millones (59.2%). Desagregado por sexo, la fuerza laboral de mujeres llegó a 25.0 millones (305 mil más en el año) y la de hombres, a 36.2 millones (318 mil adicionales). Pese al crecimiento absoluto en ambos grupos, la tasa de participación retrocedió 0.4 puntos porcentuales en el agregado, señal de que la población total en edad de trabajar —que alcanzó 104.1 millones de personas— creció a un ritmo mayor que la incorporación al mercado laboral.

Del total de la fuerza laboral, 59.6 millones estuvieron ocupadas en el periodo de referencia: 552 mil más que en el primer trimestre de 2025. Los sectores con los mayores incrementos anuales en su plantilla fueron los servicios diversos (+207 mil personas), el comercio (+91 mil), la industria manufacturera (+90 mil) y el gobierno junto con organismos internacionales (+62 mil). En sentido contrario, los servicios sociales y la agricultura registraron caídas de 32 mil y 19 mil personas, respectivamente. Por la posición que guardan dentro de su trabajo, 41.1 millones de ocupados (68.9%) son trabajadores subordinados y remunerados —aunque este grupo cayó 0.5 puntos porcentuales en su participación relativa—, mientras que 13.5 millones (22.6%) laboran por su cuenta sin personal a cargo, un segmento que creció en 451 mil personas en el año.

La calidad del empleo: el ángulo más preocupante

Más allá del volumen de ocupación, los indicadores estructurales revelan señales de alerta. La tasa de informalidad laboral —que mide a todos los ocupados en condición de vulnerabilidad, independientemente del sector donde laboren— se ubicó en 54.8%, frente al 54.3% registrado un año antes. En números absolutos, 32.6 millones de personas trabajan en alguna modalidad informal, 583 mil más que en el primer trimestre de 2025. De ese total, 17.6 millones corresponden al sector informal propiamente dicho (micronegocios sin registros contables), 7.7 millones trabajan en empresas, gobierno e instituciones sin protección laboral, 5.2 millones se ubican en el ámbito agropecuario y 2.2 millones realizan trabajo doméstico remunerado en condiciones de informalidad.

El dato de la tasa de condiciones críticas de ocupación —que agrupa a quienes trabajan pocas horas por razones de mercado, o quienes laboran más de 35 horas semanales con ingresos por debajo del salario mínimo, o quienes trabajan más de 48 horas con un pago de hasta dos salarios mínimos— pasó de 37.6% en el primer trimestre de 2025 a 38.8% un año después. Esto implica que casi 4 de cada 10 trabajadores ocupados enfrentaron condiciones salariales o de jornada que los sitúan en una posición de fragilidad económica. Para los hombres, la tasa llegó a 41.2%, mientras que en las mujeres fue de 35.3%.

La distribución de ingresos refuerza este diagnóstico: 47.0% de la población ocupada percibió hasta un salario mínimo mensual equivalente, cifra que en el caso de las mujeres asciende a 55.0% y en el de los hombres a 41.5%. El segmento que recibió entre uno y dos salarios mínimos creció de 24.3% a 30.8% en la comparación anual —en parte por el ajuste metodológico de base enero 2026—, pero la concentración en los estratos de ingreso más bajos sigue siendo el rasgo dominante del mercado laboral.

La tasa de desocupación fue de 2.6% de la fuerza laboral (1.6 millones de personas), ligeramente por encima del 2.5% del primer trimestre de 2025. Con cifras ajustadas por estacionalidad, la desocupación nacional llegó a 2.7%, 0.1 puntos más que en el trimestre previo. La tasa es más alta en las zonas más urbanizadas (3.0% en localidades de 100 mil y más habitantes) que en las rurales (1.6%), comportamiento que refleja la mayor organización formal del mercado de trabajo en las ciudades y, con ello, la mayor propensión a registrar búsqueda activa de empleo. Por grupos de edad, los desocupados de 25 a 44 años concentran 47.8% del total, seguidos por los jóvenes de 15 a 24 años con 33.0%.

La tasa de subocupación —trabajadores que necesitan y están disponibles para laborar más horas de las que su empleo actual les permite— se mantuvo sin cambio en 6.6% de la población ocupada (3.9 millones de personas), aunque con datos desestacionalizados muestra un alza de 0.2 puntos respecto al trimestre inmediato anterior.

Disparidad regional: el mapa de la precariedad

La heterogeneidad territorial es uno de los rasgos más marcados de los resultados. En materia de informalidad, Oaxaca (79.9%), Guerrero (76.4%) y Chiapas (75.3%) encabezan las entidades con mayor proporción de trabajadores informales, mientras que Coahuila (34.2%), Chihuahua y Nuevo León (34.9%) y Baja California (37.6%) presentan los niveles más bajos. La brecha entre extremos supera los 45 puntos porcentuales, lo que ilustra la magnitud de la segmentación estructural del mercado laboral mexicano.

En condiciones críticas de ocupación, Chiapas registró la tasa más alta del país con 52.8%, seguida por Puebla (46.2%), Tamaulipas (46.1%), Tlaxcala (45.8%) y Guanajuato (45.4%). En el extremo opuesto, Nuevo León (23.4%), Baja California Sur (23.9%) y Jalisco (27.6%) muestran los registros más favorables. La Ciudad de México, con la mayor tasa de desocupación estatal (4.0%), combina un mercado de trabajo más formalizado con mayor incidencia de desempleo abierto, patrón coherente con economías urbanas de alta densidad.

El patrón se replica en las áreas metropolitanas: en el agregado de 39 ciudades, la tasa de desocupación fue de 3.0% y la informalidad laboral de 43.4%, niveles inferiores al promedio nacional, pero con casos extremos como Ciudad del Carmen (5.8% de desocupación) y Tlaxcala (68.1% de informalidad).

Para los hogares, el panorama que arroja este primer trimestre de 2026 es el de un mercado que genera empleo en cantidad suficiente para absorber parte del crecimiento demográfico, pero que no mejora —y en varios frentes retrocede— en las condiciones bajo las cuales se ejerce ese empleo. Un mayor porcentaje de la fuerza laboral trabaja sin seguridad social, con ingresos insuficientes o en jornadas que no les permiten cubrir sus necesidades básicas. Ese deterioro acumulado en la calidad del empleo presiona el poder adquisitivo de los hogares, amplía la brecha de protección social y limita la capacidad de las familias para hacer frente a choques económicos.

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