La economía mexicana arrancó 2026 con un retroceso considerable en su actividad productiva, presiones inflacionarias renovadas por ajustes fiscales y un conflicto geopolítico en Medio Oriente que complicó el entorno global. Ante ese panorama, la autoridad monetaria completó tres decisiones distintas en el trimestre: una pausa en febrero, un recorte de 25 puntos base en marzo y otro idéntico en mayo, con el que declaró formalmente cerrado el ciclo de reducciones iniciado en marzo de 2024. La tasa de interés de referencia quedó en 6.50%.
El banco central anticipó que hacia adelante será apropiado mantenerla en ese nivel. La postura, a juicio de la institución, es adecuada para enfrentar los retos del entorno macroeconómico, incluidos los derivados de una posible prolongación e intensificación del conflicto en Medio Oriente.
Contracción del PIB y mercado laboral en deterioro
El producto interno bruto registró un significativo retroceso en el primer trimestre, luego de la modesta reactivación que la actividad industrial había mostrado al cierre de 2025. La caída reflejó principalmente una reversión de ese impulso industrial y una contracción de los servicios; las actividades primarias amortiguaron parcialmente el golpe. Para todo 2026, Banxico recortó su estimación puntual de crecimiento de 1.6 a 1.1%, con un intervalo de entre 0.5 y 1.7%. Para 2027 prevé una expansión de 2.1%, con rango de 1.3 a 2.9%.
El mercado laboral acusó el mismo enfriamiento. Los principales indicadores se deterioraron respecto del cuarto trimestre de 2025: la tasa de desocupación nacional subió de 2.6 a 2.7%; la tasa de subocupación pasó de 6.9 a 7.0%; la tasa de participación laboral cayó a 59.0% y la razón de ocupación a población en edad de trabajar a 57.4%, ambas en su tercer trimestre consecutivo de descenso. La creación de empleo formal permaneció débil en manufactura y servicios, aunque la construcción y las industrias extractivas mostraron cierta mejoría. La informalidad laboral se situó en 55.0% y la tasa de ocupación en el sector informal alcanzó 29.5%, su nivel más alto en el registro histórico disponible.
Inflación: el IEPS y las verduras presionaron, pero el pico quedó atrás
La inflación general anual aumentó de 3.69% en el cuarto trimestre de 2025 a 4.13% en el primero de 2026, impulsada por dos fuerzas simultáneas. Por un lado, la inflación subyacente subió de 4.35 a 4.49%, arrastrada por los cambios al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que entraron en vigor en enero y encarecieron ciertos alimentos procesados. Banxico estimó que ese efecto fue acotado, transitorio y sin evidencia de efectos de segunda ronda. Por otro, la inflación no subyacente saltó de 1.51 a 2.96%, encabezada por un alza extraordinaria en frutas y verduras —que entre trimestres pasó de -7.91 a 9.68%, con un pico de 21.77% en marzo— y con jitomate y tomate verde como protagonistas.
Los energéticos, en contraste, contribuyeron negativamente: la inflación anual de ese rubro pasó de 0.59 a -0.93%, con caídas de 4.10% en gas L.P. y de 1.60% en gasolina, gracias a la política interna de precios que amortiguó el traspaso de referencias internacionales afectadas por el conflicto en Medio Oriente.
A partir de abril, la tendencia se revirtió. En la primera quincena de mayo la inflación general se ubicó en 4.11%, con la subyacente en 4.22% y la no subyacente en 3.73%, esta última favorecida por la moderación de los precios agropecuarios.
Los pronósticos para la inflación general y subyacente se ajustaron al alza para el segundo y tercer trimestres de 2026, fundamentalmente por los energéticos y los agropecuarios. A partir del cuarto trimestre la trayectoria prevista es la misma que la del informe anterior. La convergencia a la meta de 3% se mantiene en el segundo trimestre de 2027. El balance de riesgos para la inflación conserva un sesgo al alza.
Expectativas y postura de política monetaria
La tasa de interés real ex ante disminuyó de 3.07 a 2.79% entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, como resultado de los recortes, aunque permaneció por encima de la estimación puntual de la tasa neutral, fijada en 2.7% (con intervalo de 1.8 a 3.6%). Esto significa que la política monetaria se mantiene en territorio restrictivo, lo que sigue contribuyendo al proceso de desinflación.
Las expectativas de inflación de los especialistas del sector privado mostraron comportamiento diferenciado:
- La media de las expectativas a 12 meses disminuyó de 3.93 a 3.71%, manteniéndose dentro del intervalo de variabilidad alrededor del objetivo de 3%.
- Las medianas para el cierre de 2026 subieron de 3.88 a 4.38% (general) y de 3.90 a 4.19% (subyacente).
- Para el cierre de 2027, las medianas de ambas inflaciones convergieron a 3.80%, con una ligera reducción en la dispersión de respuestas.
- Las expectativas de largo plazo (promedio de 5 a 8 años) pasaron de 3.63 a 3.70% (general) y de 3.60 a 3.75% (subyacente), reflejando cierta presión pero sin desanclaje.
Lo que implica para hogares y empresas
La conclusión del ciclo de recortes cierra una fase que arrancó con la tasa en 11.25%. A diferencia de un período de baja gradual continua, Banxico anuncia una pausa indefinida en 6.50%, lo que implica que el costo del crédito —hipotecario, automotriz, para pequeñas empresas— no bajará en el corto plazo. El crédito a hogares registró un flujo anual equivalente a 1.1% del PIB, por debajo del trimestre anterior, y tanto el crédito a la vivienda como el de consumo muestran desaceleración.
Para los consumidores, la señal más inmediata proviene del mercado laboral: el deterioro en la participación y en la creación de empleo formal comprime el ingreso disponible en un momento en que los precios de alimentos —especialmente verduras— todavía se ubican por encima de su promedio histórico. Para las empresas exportadoras, la apreciación acumulada del peso durante 2025 y lo que va de 2026 ofrece algo de alivio en costos de importación, aunque la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC y la demanda estadounidense mantiene deprimida la inversión.



