23 de septiembre de 2026

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Mercado laboral crece en abril, pero con más informalidad

México sumó ocupados en abril y mantuvo bajo el desempleo, pero el dato incómodo sigue ahí: crecen la informalidad y las condiciones precarias del empleo.

El mercado laboral mexicano volvió a dejar en abril una de esas fotografías que obligan a mirar dos veces. A simple vista, el dato luce positivo: la población económicamente activa llegó a 62.1 millones de personas, es decir, 669 mil más que un año antes, y la población ocupada alcanzó 60.6 millones, con un aumento anual de 704 mil personas. Además, la tasa de desocupación se mantuvo en 2.5%, un nivel bajo en términos históricos. Pero esa no es toda la historia. El problema es que, junto con ese crecimiento del empleo, también aumentaron la informalidad laboral y las condiciones críticas de ocupación, dos señales que hablan menos de fortaleza y más de deterioro en la calidad del trabajo.

El primer matiz importante está en la participación. Aunque más personas se incorporaron al mercado laboral en términos absolutos, la tasa de participación económica bajó de 59.4% a 59.1% entre abril de 2025 y abril de 2026. En las mujeres subió de 45.4% a 45.7%, pero en los hombres cayó de 75.2% a 74.2%. Eso significa que el mercado no está absorbiendo fuerza laboral en un entorno de expansión vigorosa, sino en uno más desigual y con una incorporación que pierde dinamismo relativo. A la vez, la población no económicamente activa creció en 873 mil personas, hasta 42.9 millones, lo que también ayuda a explicar por qué el desempleo abierto no se disparó.

La tasa de desocupación de 2.5% puede sugerir estabilidad, pero por sí sola dice poco sobre la calidad del empleo disponible. La propia encuesta deja ver que el mercado laboral está mutando más hacia ocupaciones frágiles que hacia puestos más sólidos. Del total de ocupados, 41.6 millones trabajaron como subordinados y remunerados, pero ese grupo cayó en 19 mil personas respecto a abril de 2025. En contraste, los trabajadores por cuenta propia aumentaron en 664 mil, hasta 13.4 millones, y los empleadores crecieron en 127 mil. Ese cambio importa porque revela que buena parte del crecimiento del empleo no vino del trabajo asalariado tradicional, sino de formas más inestables o más expuestas a la debilidad económica.

La estructura sectorial confirma esa lectura. Los mayores aumentos de ocupación se concentraron en construcción, con 547 mil personas más; en restaurantes y servicios de alojamiento, con 478 mil; en transportes, comunicaciones, correo y almacenamiento, con 190 mil; y en servicios diversos, con 181 mil. Del otro lado, hubo caídas relevantes en comercio, con 283 mil personas menos; en servicios sociales, con 187 mil menos; y en servicios profesionales, financieros y corporativos, con una baja de 142 mil. En otras palabras, sí hubo crecimiento del empleo, pero este avanzó más en sectores de menor estabilidad relativa y perdió terreno en áreas que suelen asociarse con mayor productividad o mejores condiciones laborales.

La señal más incómoda del reporte está en la informalidad. En abril, la tasa de informalidad laboral subió de 54.7% a 55.2%, lo que implica que 33.4 millones de personas trabajaron en condiciones de vulnerabilidad laboral. Más aún, la ocupación en el sector informal llegó a 18.4 millones de personas, equivalentes al 30.4% de la población ocupada, 1.4 puntos porcentuales por arriba del año previo. Es decir, México creó empleo, sí, pero una parte importante de ese crecimiento siguió ocurriendo fuera de la protección plena del empleo formal. La lectura es clara: el mercado laboral no está colapsando, pero sí se está haciendo más precario.

A eso se suma otro dato especialmente delicado: la tasa de condiciones críticas de ocupación subió de 35.6% a 36.7%. Este indicador incluye a quienes trabajan menos horas de las que quisieran por razones ajenas a su voluntad, a quienes laboran jornadas largas con ingresos muy bajos o a quienes combinan tiempos excesivos de trabajo con salarios insuficientes. Que esta tasa haya aumentado mientras el desempleo se mantuvo estable dice mucho sobre el verdadero estado del mercado laboral: el problema no es solo conseguir empleo, sino conseguir uno que ofrezca condiciones mínimamente razonables.

La subocupación, en cambio, prácticamente no se movió. Se mantuvo en 7.1% de la población ocupada, con 4.3 millones de personas que declararon necesidad y disponibilidad de trabajar más horas. Tampoco hubo un cambio importante en la tasa de presión general, que pasó de 5.3% a 5.4%. Esto sugiere que la tensión del mercado laboral no se está expresando tanto por una explosión del desempleo abierto o por una subocupación desbordada, sino por el deterioro en la composición del empleo: más informalidad, menor peso del trabajo asalariado y más personas atrapadas en ocupaciones de baja calidad.

También hay una diferencia importante entre zonas urbanas y menos urbanizadas. En las áreas más urbanizadas, la informalidad laboral pasó de 41.5% a 42.8%; en las menos urbanizadas bajó ligeramente de 68.5% a 68.1%, aunque sigue siendo muchísimo más alta. En el agregado urbano de 32 ciudades, la tasa de informalidad fue de 44.3%. Esto refleja que incluso en los espacios tradicionalmente más integrados a la formalidad, el empleo viene perdiendo calidad. No es solo un problema del campo o de localidades pequeñas; es una tendencia más extendida del mercado laboral mexicano.

Visto con cifras desestacionalizadas, abril dejó una economía laboral que no se hunde, pero tampoco mejora donde más importa. A nivel nacional, la tasa de desocupación ajustada bajó a 2.6%, la de subocupación a 7.0%, pero la informalidad laboral se colocó en 55.1% y la ocupación en el sector informal en 30.1%. El mensaje es bastante directo: el empleo sigue creciendo, pero la formalización no acompaña con la misma fuerza. Y cuando eso ocurre, el mercado laboral puede dar titulares tranquilizadores mientras, por debajo, se desgasta su capacidad para ofrecer estabilidad, seguridad social e ingresos sostenibles.

La conclusión del reporte es menos optimista de lo que sugiere el bajo desempleo. México sumó ocupados en abril, sí, pero el avance vino acompañado por más informalidad, más trabajo crítico y menor peso del empleo asalariado. El dato no describe una crisis laboral abierta, pero sí una debilidad persistente: se puede presumir que hay más gente trabajando, pero cuesta más presumir que está trabajando mejor. Y esa diferencia, en una economía como la mexicana, es la que separa un mercado laboral activo de uno verdaderamente sano.

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