Masculinidades tóxicas

La masculinidad tóxica se aprende: estereotipos, pornografía e hipersexualización moldean a adolescentes hacia modelos dañinos que afectan su afectividad, salud mental y relaciones.

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Hace unos días escuché el término masculinidad tóxica de dos queridos exalumnos míos. Les pedí que me explicaran a qué se referían. Uno de ellos me dijo que se trata de un conjunto de comportamientos y estereotipos que reprimen la expresión de emociones por parte de los varones, promueven la agresividad, la necesidad de dominación y el rechazo a la vulnerabilidad.

Investigando más sobre el tema, se me ocurrió hacer el siguiente ejercicio: pregunté en mi buscador cómo un adolescente de 14 años puede tener brazos fuertes. El buscador me llevó a sitios diseñados para jóvenes de mayor edad, en ellos se presentaban estereotipos físicos de muchachos con bíceps desproporcionados para su peso y talla; otros me sugirieron ingerir licuados de proteína para aumentar la masa muscular; los videos de You Tube, presentaron a varones mayores de edad con una gran musculatura. De repente me apareció la opción “como ganar masa muscular para gustarle a más mujeres”. De ahí, me apareció un video titulado “la clave para levantar chichas en el gimnasio.” La siguiente sugerencia fue “terapia de testosterona”; luego apareció “cómo seducir a una mujer”; eso me llevó a leer 20 consejos para “atraer o persuadir a alguien hasta rendir su voluntad.” Ese artículo estaba lleno de consejos de dominación sexual.

Si hubiera seguido con mi búsqueda, estoy cierta que hubiera terminado en un sitio de pornografía. Pensando en un muchacho de 14 años, lo más probable es que ahí reciba educación sexual, de suyo falaz y violenta. Los modelos de masculinidad que presenta la pornografía es de dominación, de objetivación del otro, del uso del sexo como instrumento de placer y de control, no de conexión de intimidad con el otro.

Estos estereotipos llevan, en términos reales, una mayor sensación de soledad, mayor riesgo de salud mental y una verdadera dificultad a establecer relaciones íntimas. En términos sociales, se perpetua la desigualdad entre varones y mujeres, se exalta el machismo, el acoso y la violencia de género.

Durante años, he dicho que la nueva droga de nuestro tiempo es la pornografía. Según el sitio addictionhelp.com, el 93% de los adolescentes varones han estado expuestos a alguna forma de pornografía en línea, mientras que el 62% de las adolescentes mujeres reportan dicha exposición.

La normalización de la pornografía la hace doblemente más peligrosa. Vivimos en una sociedad hipersexualizada. Las escenas sexuales presentan hombres agresivos, dominantes y mujeres que disfrutan el maltrato y el dolor físico provocado durante las relaciones sexuales. Si a esta realidad le sumamos la represión de las emociones, el temor a establecer relaciones sanas entre pares, a creer que el mundo digital nos acerca a otros y nos proporciona la oportunidad de crear vínculos verdaderos que satisfagan nuestras necesidades sociales, estamos ante hombres que no saben ser hombres.

¿A qué me refiero con la afirmación anterior? A que estamos frente a hombres que han creído que para serlo, es necesario dejar a un lado la educación de su voluntad, porque los hombres se imponen, son agresivos y consiguen lo que quieren con el uso de la fuerza. A hombres que han negado la realidad de su afectividad y no educan sus emociones. A hombres que no se permiten ser lo que son: hombres.

Ya sé que terminé el año con un tema escabroso, te pido una disculpa.

Querido lector, feliz Navidad. Te deseo que el 2026 sea amable, lleno de bendiciones y amor. Que tus dificultades sean fáciles de resolver y tu dolor aguantable. Que puedas abrazar y ser abrazado mucho y tengas una sonrisa pronta en los labios y que siempre que sea posible, puedas reír tanto, que llores lágrimas de alegría.

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