La inversión en picada: el gran problema de la economía mexicana

La inversión fija bruta lleva 15 meses a la baja y revela el problema central de la economía mexicana: sin confianza empresarial, no habrá más producción, empleo ni ingresos.
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En México tenemos, en materia económica, un serio problema que yo me atrevo a calificar como el problema, así con mayúsculas, que hoy enfrentamos en el país. Y este no es otro que el comportamiento reciente de la inversión fija bruta, es decir, la inversión que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo, y que, por proporcionar la infraestructura física necesaria para llevar a cabo los procesos de producción de bienes y servicios, es un buen indicador del comportamiento de la inversión directa, que es la que los empresarios —nacionales y extranjeros— realizan para producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos. Empleos e ingresos que, a su vez, son dos de las condiciones para el bienestar de las personas.

¿Por qué digo que tenemos un problema, un grave problema, en esta materia? Porque, hasta noviembre pasado —último mes para el cual tenemos información—, acumulamos ya 15 meses consecutivos, desde septiembre de 2024 hasta noviembre de 2025, con crecimiento negativo de la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo. Un crecimiento negativo que ha sido de 5.87% en promedio mensual.

Es decir, un decrecimiento de la inversión fija bruta en instalaciones, maquinaria y equipo, de septiembre de 2024 a noviembre de 2025, de 5.87% en promedio mensual durante 15 meses consecutivos.

Si centramos la atención únicamente en la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo, dejando de lado la inversión en construcciones, entonces acumulamos ya, a noviembre pasado, 12 meses consecutivos, de diciembre de 2024 a noviembre de 2025, de crecimiento negativo en la inversión en instalaciones, maquinaria y equipo: 7.93% en promedio mensual.

¿Y qué pasa si centramos la atención en la inversión en construcción no residencial? ¿Qué es esto de construcción no residencial? La construcción de fábricas, bodegas, oficinas, centros comerciales, vías de comunicación; en suma, todo aquello que tiene que ver con la producción, distribución y oferta de bienes y servicios. Pues bien, al centrarnos en la inversión en construcción no residencial, también acumulamos ya 15 meses consecutivos, de septiembre de 2024 a noviembre de 2025, con crecimiento negativo, en este caso de 14.45% en promedio mensual.

Es verdaderamente grave el comportamiento que ha tenido la inversión fija bruta en instalaciones, maquinaria y equipo, que forma parte muy importante de las inversiones directas, es decir, de las inversiones que se destinan a producir bienes y servicios con los cuales satisfacemos nuestras necesidades. Y no hay que perder de vista que esa producción de bienes y servicios es, además, la variable con la cual se mide el crecimiento de la economía; que crea empleos, puesto que para producir alguien tiene que trabajar; y que genera ingresos, puesto que a quien trabaja se le paga por hacerlo. Empleos e ingresos que son dos condiciones para el bienestar de las personas, sobre todo si ese bienestar ha de ser, como debe ser, el resultado de la generación personal de ingreso a través del trabajo, y no de la redistribución gubernamental del ingreso, por la cual el gobierno le quita a unos para darle a otros.

Son, pues, verdaderamente preocupantes estos 15 meses consecutivos que llevamos con crecimiento negativo de la inversión fija bruta en instalaciones, maquinaria y equipo.

La pregunta interesante es: ¿de qué depende cuánto se invierte directamente en un país? ¿De qué dependen las inversiones en instalaciones, maquinaria y equipo? En primer lugar, de la confianza que tengan los empresarios, nacionales y extranjeros, para invertir directamente en ese país. Y esa confianza, desafortunadamente, viene cayendo en picada.

Todos los meses el INEGI publica el Índice de Confianza Empresarial, que, entre otras cosas, mide cómo anda la confianza de los empresarios para invertir directamente en México. Este es un índice que va de 0 a 100, donde 0 significa total desconfianza y 100 total confianza.

Vamos a comparar los últimos tres años. En enero de 2024, la confianza de los empresarios para invertir directamente en el país fue, en escala de 0 a 100, de 43.1 puntos. Ya era baja: por debajo de 50.

Un año después, en enero de 2025, esa confianza había bajado a 34.2 puntos. ¿Y qué pasó en enero pasado, en enero de 2026? Que volvió a bajar: de 34.2 puntos en enero de 2025 a 29.1 puntos en enero de 2026.

Estamos, pues, ante una caída en picada de la confianza de los empresarios, nacionales y extranjeros, para invertir directamente en el país.

Y ahí están las consecuencias: una inversión fija bruta en instalaciones, maquinaria y equipo que lleva 15 meses consecutivos de crecimiento negativo, sin que se vea para cuándo empezará a crecer.

¿Y cuándo empezará a crecer? Cuando la confianza de los empresarios para invertir directamente en México empiece a aumentar.

Pero lo cierto es que acumulamos ya varios años —prácticamente desde 2024— con una confianza empresarial para invertir directamente en México cada vez menor: 43.1 puntos en enero de 2024, 34.2 puntos en enero de 2025 y 29.1 puntos en enero de 2026.

¿Cuál es, desde esta perspectiva, el principal reto que tenemos en materia económica en México? Aumentar la confianza de los empresarios para que inviertan directamente, para lo cual sería necesario dar un giro de 180 grados en lo que se ha venido haciendo desde diciembre de 2018, cuando llegó al poder la llamada Cuarta Transformación.

Y aquí está lo preocupante: que ese giro de 180 grados será muy, pero muy difícil que se dé, al menos no en el corto ni en el mediano plazo.

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